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Una Semana Santa post COVID-19 y un futuro lleno de incertidumbre

una semana santa post covid19

Partamos de hechos y no de percepciones. El primero de ellos, es que el Covid-19 vino para quedarse. La súbita aparición de la pandemia y su rápida expansión al mundo entero representó cambios sustanciales en muchos órdenes de la realidad tanto a nivel individual como colectivo. 

El segundo, es el alto grado de incertidumbre no solo de futuros escenarios económicos sino aun de la posibilidad de seguir con vida.  El tercero es que paulatinamente nos acercaremos a altas tasas de probabilidad de contagio a tal grado que la cuestión será tan sólo el momento en que podríamos resultar infectados.

Mientras no aparezca la esperada vacuna, irremediablemente toda actividad masiva deberá sufrir modificaciones sustanciales que permitan su continuidad, muchas de ellas tal el caso del fútbol, con adaptaciones bastantes profundas y hasta el año anterior, inimaginables.  Las nuevas conductas de permanecer en casa, mantener distancia social y utilizar mascarilla serán las máximas que regirán muchas actividades cotidianas de interacción social.

A este punto pregunto, ¿pensará  la mayoría y principalmente las hermandades que la próxima Cuaresma y Semana Santa será realizada totalmente bajo un modelo pre-covid19?, ¿asociaciones y hermandades de piedad popular han considerado – o vislumbrado en todo caso-  alguna adaptación que permita cumplir con las exigencias sanitarias ante la posibilidad de una eventual Semana Santa 2021 como mejor escenario?.

A partir de acá, tenemos más preguntas que respuestas. ¿Podrían las hermandades transformar totalmente virtual el proceso de inscripción para garantizar distanciamiento social?. Y por consiguiente, ¿debería mantenerse la entrega del turno físico o convendría migrar bajo una modalidad de código QR enviado vía correo electrónico?

Al momento de cargar los muebles, ¿qué implicaciones tendría implementar el modelo “un brazo lleno, un brazo libre” a efecto de mantener distanciamiento?. Y por consiguiente, ¿se podrían seguir utilizando las andas actuales con adornos desmesuradamente pesados?.

¿Deberían mantenerse recorridos igual de extensos o recortarse de manera moderada?.  En relación al público asistente y el grado de riesgo de surgimiento de nuevos brotes del virus, ¿ impactaría esto en la cantidad de espectadores presenciales en la calle?.

¿Considerarían las hermandades implementar algún protocolo de  sanitización de horquillas, faldones y cualquier área de contacto humano recurrente?.

Y las más importantes son éstas:

¿Están pensando las hermandades  desde ya en medidas y acciones ante una posible Cuaresma y Semana Santa post Covid-19?

¿Estaríamos dispuestos todos a tener una Semana Santa post Covid-19 o mejor aguardaríamos a ser todos inmunizados con la esperada vacuna?. Para finalizar, seamos honestos: la mayoría de nosotros queremos procesiones. 

Y perdonen señores liturgistas, esto va más allá de un calendario o de ser más o menos católico. Esto es cultura, son valores e identidad guatemalteca. No obstante, el aumento diario de casos y la extensión de la cuarentena delinean un panorama incierto mas no funesto.

El tiempo transcurre, la incertidumbre aumenta y en todo caso, lo mejor que pueden hacer las hermandades es plantear escenarios, desde los más pesimistas hasta los más esperanzadores.