Una experiencia con el Señor Sepultado de la Escuela de Cristo

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

Anécdota de: Otoniel Sanrosa.

Desde que tengo uso de razón los cortejos procesionales de san bartolomé becerra, la merced, la escuela de cristo, entre otras, pasaban frente a mi casa.

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.
Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

La tradición de ser cucurucho es algo que viene de generación en generación en mi familia, sin embargo la imagen de devoción de cada uno ha sido distinta, en el caso de mi abuelo era Jesús de la Merced.

Mi devoción por el Señor Sepultado de la Escuela de Cristo inicia desde niño, influenciado por mi hermano mayor quien era fiel devoto de Él.

Procesión de la Escuela de Cristo. Foto: Procesiones del Ayer.
Procesión de la Escuela de Cristo. Foto: Procesiones del Ayer.

Recuerdo que cuando pasaba frente a mi hogar, la procesión llevaba no mas de media cuadra de cargadores, además, el paso era bastante acelerado por la poca cantidad de personas, caso contrario con San Felipe; esa situación hizo que me hiciera la promesa que cuando tuviera la estatura mínima para poder cargar en dicho cortejo lo haría.

Así pasaron muchos años, me entristecía ver que la escena de pocos cucuruchos se repetía año con año en la Escuela de Cristo. Yo esperaba con ansias el viernes santo para poder verlo en su urna sevillana.

Procesión de la Escuela de Cristo. Foto: Procesiones del Ayer.
Procesión de la Escuela de Cristo. Foto: Procesiones del Ayer.

La primera vez que tuve la oportunidad de llevarlo en hombros fue en la cuadra de la posada de Don Rodrigo donde cumplí la promesa que hice unos años atrás.

Al año siguiente tuve la bendición de cargar frente a Catedral y el Palacio de los Capitanes; algo curioso es que siempre tenia una doble cargada en este cortejo, ya sea porque no me relevaban en la siguiente cuadra o bien alguien me pedía ayuda porque ya no aguantaba el peso de las andas.

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.
Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

Desde hace unos años  acompaño al señor sepultado desde que sale hasta que éste es trasladado a su altar donde descansa todo el año; la ilusión de todo cucurucho es poder llevar a la imagen de su devoción al compás de la marcha oficial en la salida (cosa que en mi caso era imposible por mi estatura promedio) o bien la entrada.

Este viernes santo transcurría todo con normalidad, estaba desde antes de la salida de la procesión esperando con ansias a que llegara la hora para tomar mi turno, el momento se llegó y la cuadra se hizo tan corta que al terminar le agradecí con todo mi corazón haberme dado la dicha de estar otro año mas a su lado, sin embargo me pareció curioso que esta vez no tuve mi «segunda cargada», reí, y me incorporé a las filas, esta Semana Santa había sido bastante dura para mí, estaba pasando por una situación difícil, pero no iba a permitir que malos pensamientos me arruinaran la noche tan esperada.

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.
Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

El señor pasaba por el tanque de la unión a eso de las 2 de la mañana, creo; el cansancio, el hambre y el frío se hacían sentir, sumemosle a ello que acompañé un buen rato al patrón de la ciudad colonial en su procesión de penitencia por la mañana, ayudar en la alfombra para su paso…

De pronto veo a Jesús mientras caminaba lentamente, bajo la mirada y uno de los cucuruchos me llama, acudí y me pidió que por favor le relevara pues ya llevaba unas cuadras cargando, lo hice con todo el placer del mundo y como no hacerlo si es el Jesús de mis amores.

Transcurrieron dos cuadras y no me relevaban, no me sentía agotado pues los cargadores de las tandas anteriores eran un poco mas altos que yo por lo cual no castigaba exageradamente mi hombro, el paso de la procesión empezó a desacelerar a medida que este pasaba por su barrio (de la escuela de cristo) el peso de las andas era cada vez mayor pero no me importaba, igual tarde o temprano llegarían a relevarme y así fue.

Impresionante fotografía de Pablo Burmester
Impresionante fotografía de Pablo Burmester

Cuando la procesión llegaba al puente de los remedios sucedió algo extraño: un anciano, le calculé unos 80 años de edad, me llamó y sin pronunciar mayor cosa dejó la almohadilla al aire y me dijo «Cargá», eso hice y el hombre se quedó parado viendo como la procesión se enfilaba hacia su templo, de pronto ya no lo vi, fue como si se hubiera desvanecido en milésimas de segundos.

Agradecí al señor permitirme llevarle en hombros de nuevo y estando tan cerca de la entrada le dije que yo entregaría al devoto el brazo en la tanda que le correspondía la entrada pues era lo justo y porque, ¿que mas quería?, la procesión llegó al último turno, los varones empezaron a relevar, yo estaba esperando al afortunado que me sustituiría para la entrada.

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo (5)
Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

Relevaron al de atrás y adelante mío, según pude ver, todo el turno fue relevado excepto yo, el timbre sonó para iniciar el último turno, estaba impactado pues mi deseo de cargar a Señor Sepultado de la Escuela de Cristo con su marcha oficial y «echar la bendición» (con la granadera) estaba a escasos momentos de volverse una realidad, y así fue, nunca en mi vida había experimentado esto, cuando la urna con el señor se encontraban pasado el coro del templo, el anda fue levantada en hombros nuevamente, los acordes de Cruz Pesada del maestro Alberto Velásquez Collado inician, dando una solemnidad tan grande a la procesión que no me es posible describir ese momento.

Las lágrimas brotaban de mis ojos, fue inevitable, la emoción de vivir eso que hace unos años, meses era solo un sueño provocaba que llorara como un niño, fueron los mejores minutos de mi vida.

Mientras se realizaba el traslado del Señor Sepultado a su altar realicé una oración como nunca antes por este regalo. Finalmente había culminado todo y yo cumplido mi misión de acompañarlo en todo su recorrido, me seque los ojos y vi mi reloj, eran alrededor de las 4 de la mañana; me santigüé y salí del templo.

Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.
Señor Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto Jose Carlos Flores, en página de la Hermandad EdeC.

El cansancio, hambre y el alboroto en mi cabeza debido al problema que tenia desaparecieron, me sentía feliz y con mucha energía, la cual me fue de vital ayuda, pues debía emprender el viaje hacia mi casa.

Pasaba por el barrio de la merced a eso de las 4:15 am el Señor Sepultado de San Felipe había ‘echado la bendición’ hacía unos minutos y ya se encaminaba hacia el «Santuario de la Fe», divise la procesión a lo lejos, mire el cielo despejado, se sentía un ambiente de paz, caminé un poco más y estaba cerca de mi casa cuando veo al anciano que me había cedido su lugar, el lugar con el cual cargué hasta la entrada.

Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto: procesionesdeguatemala.com
Sepultado de la Escuela de Cristo. Foto: procesionesdeguatemala.com

Me sonrió, el viejecito ya no estaba revestido de túnica negra sino un pantalón de vestir azul, zapatos de vestir negros y una camisa formal blanca, pero era un blanco reluciente, su expresión demostraba felicidad, saqué las llaves de la puerta, y cuando voltee a ver el hombre ya no estaba.

Entonces entendí qué significaba aquello: entré a mi cuarto y elevé una pequeña oración por aquella alma que ya estaba en presencia del creador.

¿Quieres revivir la Semana Santa antigüeña? mira este video en 360°:


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