Un santo pa’ los cipotes

Un santo pa’ los cipotes…

¡Y puesiesque era un paísito tan chiquitito y con tantos volcanes que los cipotes descalzos no cabían para que cupieran los cafetales¡

Así comenzaba aquel cuento que parecía un invento del ñor Salazar Arrue, pero yo les contaré, como fue pues, que aunque el paísito no fuera más grande que un dedito chiquito, tuvo tan grande emoción que hasta le alcanzó para tener santo en su corazón.

Allá en las faldas y los volcanes vivían cipotes por tandadales, todos eran chiquitos, de barro y andaban chuña los carcañales, todos eran tan felices aunque sus panzitas fueran llenas de lombrices, puesi es que eran pobres pero contentos de tener por casa la casa de los vientos.

Pero sus casas y las de sus tatas eran casas bonitas para sembrar cafetales, ahí ya no cabían los frijolares, ni los hijos del maiz, aquellas eran tierras que querían la gente “naiz”.

Así que como la lava del Izalco, los bajaron en ríos rojos de magma humana y los dejaron sin más tierra que la de sus píes descalzos.

Pero los cipotes a pesar de todo se quedaron mansos, y es que su corazón que amaba su tierra no quería hacer la guerra, porque los cipotes y las cipotas saben que es mala la pelea.

Pero les dieron tan mal trato, tanto golpe sin razón, hasta que nació otro volcán que dijo ” ¡Cese a la represión! ”

Y los cipotes subieron de vuelta a los cerros y volcanes, allá donde fueron sus casas ancestrales, tomaron conciencia de aquellas palabras del hombre pues ante la orden de un general debe prevalecer la palabra de ¡No matarás!

Y los cipotes y cipotas salvadoreñas amaron y amaron tanto, que para su pueblo como regalo del cielo, recibieron su propio santo.

Ahora los que nacen entre llantos con sus pies descalzos, saben que aquel hombre de manos grandes y con gran pasión les hará un lugar en su pecho donde alguna vez quisieron arrancarle el corazón.

Los cipotes y cipotas tenemos santo, un santo para el mundo entero, un santo llamado Oscar Romero.

Y se acabuche hubiese dicho el viejo hermoso el ñor Salarrue patas de cuche.

Texto e imagen
Efraín Clandestino

¡Tenemos Santo cipotes! Estos ojos de gato Malabar han visto como este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo por fin tienen ante Dios un digno representante.

Los cuentos continúan y compartiré uno por día durante el mes de octubre, cuentos para los y las niñas de este hermoso Kushkatán.

Gracias totales para todos los que ayer en la vigilia de San Romero me comentaron sin conocerme que leen este espacio de cuentos, me gusta que estén contentos y espero que los compartan con hijos y nietos.

Cucurucho en Guatemala

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