Santiago y su relación con la historia de Guatemala

Por: Licenciado Miguel Álvarez Arévalo, cronista de la Ciudad de Guatemala.

La ciudad de Santiago fue fundada por don Pedro de Alvarado el domingo 27 de julio de 1524, en las inmediaciones de Iximché, capital de los cakchiqueles.

Alvarado denomina a la ciudad Santiago, en honor al apóstol Santiago el Mayor, patrón de España, en los términos de Cuauhtemallan, voz náhuatl que significa “lugar de los árboles”, astellanizado como Guatemala. En la fundación de la ciudad debe verse en primer lugar el establecimiento del régimen municipal, y la apertura del libro correspondiente, así como la nominación de funcionarios ediles, que fueron Diego de Rojas y Baltasar de Mendoza como los primeros alcaldes. Pedro Carrillo, Hernán Carrillo, Juan Pérez Dardón y Domingo de Zubiarreta, regidores.

Diego Díaz, pregonero de la Villa. También debe apreciarse la incorporación de la actividad gremial, dado a que a tres días de fundada la ciudad su ayuntamiento comienza a dictar disposiciones tendientes a organizar y regularizar la convivencia urbana. Hay una notoria intención de la participación de artesanos, esto debido a su oficio y la utilidad de los mismos en materias relativas a la conquista, permanencia y expansión. En este caso en particular, la primera disposición municipal en torno a los gremios, lo que obra en el acta inmediata a la fundación de la ciudad, sobre los aranceles de herreros y herradores. En las actas subsiguientes encontramos en las actas del Cabildo oficios como cerrajeros, carpinteros, sastres, zapateros, plateros.

Esto hace que la organización de la vida urbana en la ciudad de Guatemala tenga similitud con las urbes españolas, donde la conformación social estará marcada por la diferencia entre los oficios y las artes, es decir que la génesis del desarrollo urbano lo encontramos desde los indicios pautados en este primer asentamiento.

El primero en usar este término castellanizado fue don Pedro de Alvarado al dirigirse a Hernán Cortés, que se encontraba en México, según Carta de Relación. Para iniciar la historia de esta ciudad haremos uso de algunos documentos históricos, entre ellos el Acta de Fundación de la ciudad en julio de 1524, la que textualmente dice lo siguiente: “Después de lo sucedido, en la dicha Villa de Santiago a XXVII días del dicho mes de Julio del dicho año, por ante mí el dicho Alonso de Reguera escribano, los dichos señores alcaldes Diego de Roxas y Baltasar de Mendoza, y D. Pedro, y Hernán Carrillo, y Juan Pérez Dardón y Domingo de Zubiarreta regidores, hoy dicho día miércoles entraron en su cabildo todos juntos, juntamente con el señor Teniente de Gobernador.”

Una sublevación indígena provocó que los conquistadores abandonaran el lugar, hasta que finalmente el 22 de noviembre de 1527 se establece, por segunda vez, ahora en el valle de Almolonga, al pie del volcán de Agua. Este acto fue presidido por Jorge de Alvarado, hermano del Adelantado, de lo cual conocemos lo contenido en el Acta de Establecimiento levantada en la fecha indicada, la cual dice así: “Después de lo sucedido, en el dicho valle de Almolonga veinte e dos días del dicho mes de Noviembre, día de Santa Cecilia del dicho año, por ante mí el dicho escribano, el dicho Señor Capitán vistos los pareceres susodichos, juntamente con el la historia de la ciudad de Guatemala (Cuauhtemallan) es rica y apasionante. Al revisarla nos encontramos un sinfín de datos que arrojan las diferentes fuentes que nutren con sus caudales las luces y las sombras en el devenir de los acontecimientos que la conforman.

Ante un amplio panorama que nos coloca en el escenario de los hechos tan largos y complejos, hemos decidido únicamente hacer anotaciones a manera de pinceladas para entrar al maravilloso mundo de esta capital de la República de Guatemala, por lo que nos decidimos a emprender el camino para enfrentarnos a la realidad de lo que se ha hecho por este país y la región de esta Nueva Guatemala de la Asunción.

Si alguna ciudad hispanoamericana ha sido viajera, es la capital de Guatemala.

Plano de la Nueva Guatemala de la Asunción, Marcos Ibáñez, 1778.

Dicho Gonzalo Dovalle, alcalde, e con ciertos regidores e vecinos de esta ciudad, fueron a ver el asiento que dicen ser conveniente para asentar esta ciudad en dicho valle.” El 28 de julio de 1532, mediante Real Cédula de Carlos I, le fue otorgado el Escudo de Armas. Conforme a la anterior Real Cédula puede interpretarse dicho escudo de la siguiente manera: el cuartel superior representa la efigie del apóstol Santiago montando un caballo blanco con la bandera con la cruz de la Orden Militar de Santiago sobre un campo rojo. En el cuartel inferior aparece la cadena volcánica que rodea el valle, o sea el marco geográfico: los conos de Agua, Fuego y Acatenango.

El del centro se representa en erupción, lanzando fuego y piedras, mientras que los otros dos figuran con sus crestas coronadas por una cruz, como símbolo de la cristiandad. Debajo de los colosos se muestran varios árboles, mismos que simbolizan el nombre nativo de la ciudad.

De la misma manera, se representa un campo fértil que indica el esfuerzo español por la conquista y la evangelización de esas tierras y de una población en general que trabaje por la obtención de una vida mejor. Es el preámbulo de una nueva sociedad, donde españoles, indígenas locales y mexicanos se unen por causas que para unos serán incomprensibles.

Entre las figuras ilustres que promovían justicia social y el respeto a los indígenas destaca el licenciado Francisco Marroquín, quien a partir de la bula del papa Paulo III, el 18 de diciembre de 1534, que establece oficialmente la iglesia católica en estas tierras, fue nombrado primer obispo de Guatemala. Destacan también algunas mujeres; cabe recordar a doña Leonor Alvarado de Xicoténcatl, quien se convirtió en la primera mestiza guatemalteca, por así decirlo, en virtud de que su padre fue el adelantado don Pedro de Alvarado y su madre, la princesa de Tlaxcala, doña Luisa de Xicoténcatl.

También encontramos a doña Beatriz de la Cueva, quien al conocer la noticia de la muerte de su esposo Pedro de Alvarado acaecida en México en 1541, se convierte en la primera gobernadora de América. Tras el duelo y la inconformidad que la hacen blasfemar, “la sin ventura”, así llamada, junto con su séquito de damas y muchos vecinos más, fue víctima de la inundación provocada por una correntada que bajó del volcán de Agua tras un terremoto.

Esto sucedió entre el 10 y el 11 de septiembre de 1541. Existe un testimonio directo de la inundación que destruyó la ciudad de Guatemala narrado por un testigo sobreviviente, cuyo relato fue impreso en México en la imprenta de Juan Cromberger, a solicitud de fray Juan de Zumárraga a fines de 1541. Era una hoja volante (cuatro hojas en letra gótica) bajo el título de Relación del espantable terremoto que ágora ha acontecido nuevamente en la ciudad de Guatemala: es cosa de grande admiración y de grande ejemplo para que todos nos enmendemos de nuestros pecados y estemos apercibidos para cuando Dios fuere servido de nos llamar. Esta tragedia provoca la inquietud del traslado.

Tras una serie de discusiones, la ciudad errante inició camino hacia su tercer asentamiento y esta vez lo hace en el valle de Panchoy (laguna seca). De acuerdo a una vieja tradición histórica, se refiere que la primera reunión de Cabildo en dicho lugar fue el 10 de marzo de 1543. El trazo es de influencia renacentista, a la manera de una cuadrícula o parrilla, que parte de una plaza central, llamada Mayor o de Armas, que era un espacio abierto al cual daban rostro los principales edificios del poder colonial. Al norte el Ayuntamiento y las casas Consistoriales, al sur el Real Palacio, al oriente y como regla general, la Catedral. En 1566 el rey Felipe II otorgó a la ciudad los títulos de la Muy Noble y Muy Leal para ser antepuestos a su nombre oficial, mediante Real Cédula de 10 de marzo.

La Real Audiencia de Guatemala El ayuntamiento de la ciudad de Santiago de Guatemala, así como las gestiones realizadas por las diferentes órdenes religiosas y por particulares, logran que el rey Felipe II acceda a la creación de la Real Audiencia de Guatemala con sede en la ciudad de Santiago. La Real Cédula del 31 de mayo de 1568 indica que el presidente de la misma sería el doctor Antonio González. Otra Real Cédula fechada en el Escorial el 28 de junio del mismo año, emitió las ordenanzas de la Real Audiencia de Guatemala.

Estas constaban de 308 artículos que regulaban todo lo relacionado a la administración de la justicia y la organización y funcionamiento de la Audiencia. Con la creación de la Real Audiencia la ciudad de Santiago en la provincia de Guatemala resulta beneficiada, y es el punto de partida como centro político, económico, social, cultural y religioso de toda la región centroamericana. El 5 de enero de 1570 hacen su ingreso a la ciudad las autoridades nombradas para integrar dicho organismo.

Su población se componía de una clase dominante dividida en dos: quienes ejercían el poder peninsular y criollo que detentaban los medios de producción local, y los mestizos, negros, mulatos e indígenas, quienes se distribuían en la ciudad. Conforme se alejaban de las áreas centrales, disminuía su nivel socioeconómico, hasta llegar a la periferia donde habitaban los grupos subalternos. La economía del reino estaba controlada por las autoridades competentes, residentes en la ciudad de Santiago, quienes a la vez gravaban los productos, mientras que los criollos disfrutaban la ganancia. Entre los principales productos que rigieron la Con la creación de la Real Audiencia, la ciudad de Santiago en la provincia de Guatemala resulta beneficiada, y es el punto de partida como centro político, económico, social, cultural y religioso de toda la región centroamericana.

Tercer establecimiento de Guatemala, hoy La Antigua Guatemala, 1543. Vitral en el Palacio Nacional, obra de Julio Urruela. En la economía colonial estaba el cacao, de origen prehispánico, propio de la costa sur occidental de Guatemala y la región del Soconusco. El cacao fue llevado a Sudamérica, luego de las cosechas y comercializaciones ocurridas en Guayaquil, a más bajo precio y menor calidad que el producido en Guatemala, lo que hizo quebrar la economía del reino.

Sin embargo, la introducción de la caña de azúcar y la producción de añil, conocido también como jiquilete (índigo) y la ganadería, a pesar de traer consigo el origen de los latifundios, la presencia africana y el desgaste del indígena, fortalecen la economía regional. Desde el punto de vista religioso, la ciudad era el asiento del obispado de Guatemala, hasta que en 1743 se convirtió en el arzobispado con el mismo nombre, dependiendo de él los obispados de Ciudad Real de Chiapas, Comayagua y San Salvador.

En esta época la ciudad estaba dividida en cuatro parroquias: El Sagrario, San Sebastián, La Candelaria y Los Remedios. Ocho órdenes religiosas masculinas erigieron sus conventos principales en esta ciudad. Los frailes desarrollaron un papel muy importante en la occidentalización del indígena, además contribuyeron a exigir el respeto de sus derechos y sus lenguas, colaborando también en la consolidación de una nueva cultura basada en la incorporación de elementos judeo-cristianos y la permanencia de manifestaciones indígenas que dieron como resultado un sincretismo religioso, pese a los cuidados de la ortodoxia cristiana.

Los conventos estaban ligados a la educación y evangelización del indígena, así como la salud y educación de otros aspectos para las clases privilegiadas. Santo Domingo, San Francisco, La Merced, La Compañía de Jesús, El Colegio de Cristo Crucificado Propaganda Fide, “La Recolección”, San Agustín y el Oratorio de San Felipe Neri son las instituciones conventuales que hubo en la ciudad, además de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, venida de la Nueva España, para atender el Hospital General.

Los conventos ocupaban grandes extensiones de tierra, y construcciones de arte, documentos y joyas bibliográficas enriquecían sus bibliotecas. Los conventos de monjas respondían a las necesidades de aquella sociedad. Estos fueron: La Concepción, Santa Catalina, Santa Teresa, Santa Clara y Capuchinas; eran también relicarios de exquisitas obras de arte. Generaron algunas formas culturales entre las que destacan las artes manuales y la astronomía, y en lo que corresponde a las clarisas, la herencia de los dulces que de tradiciones arábigo-castellanas se convirtieron en guatemaltecas.

Procesiones con penitentes y encapuchados, velas e insignias de cofradías, cimentaron lo que se ha convertido hoy en día en una de las más esplendorosas formas de expresión del guatemalteco: la Semana Santa. Con alfombras de colores, colgaduras, música e inciensos, así como el recuerdo precolombino de ofrendas que se transforman al aroma de plantas y sembradillos, frutas y verduras, en un misticismo local que perdura a través de los siglos. Artistas de gran prestigio como los escultores, pintores y doradores que se inspiran en los temas de la vida de Cristo, la Virgen y los Santos, así como el coro angelical, cobran vida por medio del movimiento, la expresión y el color.

Se comunica con los fieles y los admiradores. Miradas tristes y atormentadas, o llenas de dulzura, rostros ensangrentados, manos valerosas fuertes o finas que bendicen y quieren comunicar algo, ropajes que discuten con el soplo del viento, nubes o peñas agrestes, arcángeles que parecen flotar en la inmensidad del infinito, nazarenos que padecen bajo el peso de la cruz, niños que parecen sonreír en el pesebre, mártires y buenos consejeros.

Así es la imaginería de Guatemala, la que también destaca por la riqueza de los diseños y las técnicas de sus estofados en oro y plata. Flores Desde el punto de vista religioso, la ciudad era el asiento del obipado de Guatemala, hasta que en 1743 se convirtió en el arzobispado con el mismo nombre, dependiendo de él los obispados de Ciudad Real de Chiapas, Comayagua y San Salvador.

El resultado fue una pintura de alta calidad con sus propias características. Por su parte los plateros manifestaron su ingenio creador y su ímpetu en buscar la perfección por medio de la realización de extraordinarias piezas como sagrarios, custodias, cálices, vasos sagrados, coronas, resplandores y utensilios para el hogar, y dejaron la huella de sus marcas y la constancia de la época en el Quinto Real de de la ciudad (el impuesto al rey de España).

Ebanistas, carpinteros, herreros, forjadores, loceros, ceramistas y tantos oficios más que la sociedad aquella requería, y exigía objetos de alta calidad. Arquitectos, alarifes y albañiles crearon la imagen física de aquella ciudad por medio de la construcción de catedrales, templos, capillas, ermitas, conventos, puentes, acueductos, plazas y alamedas. Una respuesta a la necesidad de vivir confortablemente, con casas señoriales y casas modestas, patios y cocinas.

Debido a que la ciudad era constantemente afectada por los sismos, para las construcciones se optó por un material propio. El uso de ladrillo y piedra, “cal y canto”, fueron aprovechadas para levantar muros gruesos y de poca altura, torres masivas que apenas sobresalían del cuerpo de los templos, pero de agradable aspecto, muros cubiertos de estuco y decorados con yeserías. La influencia de varios estilos artísticos, gustos y tendencias como el renacentista, el herreriano, el manierismo y el extraordinario influjo del barroco, más el recuerdo y aplicación de formas mudéjares, permitieron que la ciudad alcanzara su monumental apariencia, engalanada con el color de los ocres, índigos o sangre de toro, más el regalo de las flores de diversos tonos y aromas. Músicos y literatos, filósofos, médicos y teólogos, hombres de valor, manos que trabajaban y frentes que sudaban.

Pies cansados y espaldas vencidas como la del hermano Pedro de San José de Betancourt, con sus costumbres, como las posadas y nacimientos; sus actos piadosos como el rezo del vía crucis, plasmado físicamente en las capillas que corren entre San Francisco y el Calvario. La caridad humana manifestada en la creación de hospitales para convalecientes y la fundación de la Orden de los Betlehemitas, más el tañer de su campana y la frase célebre: “Acordaos hermanos que un alma tenemos y si la perdemos no la recobramos”.

O figuras como Rafael Landívar, entre grandes hombres destacados, engruesan la lista de personajes que crearon el alma de la ciudad. Hospitales llenos de sufrimientos y consuelo, Colegios Mayores y la imprenta introducida en1660 para difundir ideas, la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala, establecida en 1676, la fundación del primer periódico La Gaceta de Guatemala en 1729, la Casa de la Moneda en 1731 y la emisión de la moneda local, todo lo cual fortaleció la cultura y la economía.

Arquitectos, alarifes y albañiles crearon la imagen física de aquella ciudad por medio de la construcción de catedrales, templos, capillas, ermitas, conventos, puentes, acueductos, plazas y alamedas. libro Viejo del Ayuntamiento, Fundación de Guatemala, 1524.

La ciudad de Santiago de Guatemala a mediados del siglo XVIII había alcanzado el esplendor a consecuencia de varios factores, especialmente el político y económico, así como en su calidad de capital del Reino de Guatemala, por lo que era a la vez un lugar de reunión de distintos sectores socioeconómicos.

El esplendor se manifiesta también en su configuración urbana, donde los arquitectos y alarifes habían creado verdaderas obras arquitectónicas enmarcadas dentro de una volumetría homogénea, y donde diversos elementos artísticos conjugaban entre los estilos y su interpretación local.

De esta manera surgió el barroco de Santiago de Guatemala, en respuesta a la problemática sísmica. Los constantes movimientos telúricos se hacen sentir. El jueves 29 de julio de 1773, día de Santa Marta, la ciudad de Guatemala fue sacudida por un violento terremoto y una serie de temblores durante varios meses después, hasta los del 13 y 14 de diciembre del mismo año, que fueron muy fuertes.

La consecuencia fue la destrucción casi total de la ciudad de Santiago de Guatemala. Ante ello, las autoridades solicitan numerosos dictámenes a funcionarios y militares para que se considere, por una parte, la posibilidad de la reconstrucción de la ciudad o, por otra, su traslado; en este último caso, se solicitaba considerar el sitio donde sería más conveniente establecer la nueva ciudad. Se proponen los valles de Jumay en Jalapa, la Ermita y Chimaltenango.

Surgen dos grupos en pugna, uno a favor y otro en contra de trasladar la ciudad, o bien reconstruirla. Muy pocos edificios habían podido resistir la terrible naturaleza de los terremotos. La frecuencia en la repetición ocasionó que las pocas construcciones que se habían salvado en un primer término, cayeran con las réplicas. Habían intereses políticos y socio económicos de por medio en dicha traslación.

El presidente de la Real Audiencia, don Martín de Mayorga, inició el camino al cuarto asentamiento, al abandonar la arruinada ciudad el 6 de septiembre de 1773. Buscó el pueblo de la Ermita donde desde agosto de ese año se había constituido el gobierno provisorio, dando origen al Asentamiento Provisorio La Ermita. Carta del Ayuntamiento a Carlos III El sentimiento era de arraigo y amor a la arruinada ciudad de Guatemala, a raíz de los terremotos de 1773, pero ante la insistencia de su abandono y ulterior traslado, el Ayuntamiento El jueves 29 de julio de 1773, día de Santa Marta, la ciudad de Guatemala fue sacudida por un violento terremoto y una serie de temblores durante varios meses después, hasta los del 13 y 14 de diciembre del mismo año, que destruyeron prácticamente todo. mEdalla conmemorativa del 284 aniversario de la fundación de la ciudad de Guatemala, acuñada en la Nueva Guatemala de la Asunción en 1808.

Se dirige al Rey con los siguientes términos. “Era, Señor, Guatemala suntuosa y magnifica por sus edificios; numerosa por su vecindario, frecuentada por su floreciente comercio; respetuosa por sus tribunales y acomodada por su apacible templado clima y cercanía de pueblos, haciendas y labores de sus contornos.  A mas de su soberbia erguida Metropolitana la adornaban veinte y cinco magníficos templos y ocho ermitas pequeñas, todos de costosa simétrica arquitectura y adornado por dentro de retablos, pinturas y otras preciosas alhajas, en que la piedad de los vecinos tenía emprendidos crecidos caudales en obsequio de la Majestad divina y desahogo de su devoción, de tal suerte que cuantos la veían los admiraban y confesaban a boca llena, por los mejores, más exquisitos y de todas las Indias.”

Por su parte el arzobispo don Pedro Cortés y Larraz se oponía a tan dislocada idea traslacionista; sin embargo, él fue removido del cargo en 1779, sucediéndole el doctor Cayetano Francos y Monroy, quien traslada la iglesia. Cortés y Larraz regresa a España, donde continúa su vida pastoral, mientras que la ciudad quedó establecida en el llano de la Virgen. Debe de recordarse que don Martín de Mayorga era mariscal de Campo de los Reales Ejércitos de su Majestad, capitán de las Reales Guardias Españolas, caballero de la Orden de Alcántara, capitán general y presidente de la Real Audiencia de Guatemala, de junio de 1773 al 4 de abril de 1779. Fue virrey de la Nueva España (1779-1783) y murió en el mar rumbo a España.

El Llano de la Virgen De los lugares propuestos para trasladar la ciudad de Guatemala, el escogido fue el llano de la Virgen, en el valle de la Ermita, el cual era cruzado por el Camino Real del Golfo Dulce, razón por la cual era conocido por una gran mayoría. Entre 1630 y 1635, el irlandés Tomas Gage lo describe así: “Este Valle está lleno de haciendas, y su territorio divido en muchas haciendas, donde se logra mejor grano que en ninguno de los terrenos de México.

Él abastece de trigo la ciudad de Guatemala, donde se fabrica toda la galleta o bizcocho necesario para los buques que vienen todos los años al golfo. Se le llama el valle de Mixco y de Pinola a causa de los dos pueblos de indios que se llaman así y están situados el uno frente al otro en cada lado del valle, Pinola (Santa Catarina Pínula) a la derecha del río de las vacas, y Mixco a la izquierda.” Después de dar estos datos acerca del valle de la Ermita, es oportuno conocer el contenido de la misiva de Antonio de Marín de fecha 27 de diciembre de 1773, en la cual destaca las bondades de este llano para establecer posteriormente la ciudad de Guatemala.

Dice así: “Y haciendo juicio de la capacidad, que ofrece este dilatado valle, o Pueblo de la Ermita, del buen temperamento, que se experimenta, sin horizonte despejado, apartado de los volcanes que por momentos amenazan con sus repetidos retumbos, o estruendos a la Capital, de no ser escaso de agua, de haber facilidad para introducir otras, de apreciarse todas por de buena calidad, con las demás proporciones, que tiene con la proximidad a Guatemala, pues dista como 8. ó 9. leguas vulgares, parece por todas circunstancias más proporcionado para la translación de que se trata perfección.” Marín emite una serie de opiniones, dentro de las cuales destacan las siguientes: “Bien a la vista se halla el único defecto que contemplo en este valle; o continente, y es el de ser por la mayor parte compuesto su suelo de barro lodoso, que incomoda en tiempos de las aguas, o en el rigor de ellas, pero no es difícil su remedio en lo sucesivo, porque no es, ni será la primera ciudad, que tenga a bien a la vista se halla el único defecto que contemplo en este valle; o continente, y es el de ser por la mayor parte compuesta su suelo de barro lodoso, que incomoda en tiempos de las aguas… igual situación, y que á expensas de competentes sumas de cuidado, y trabajo, se pueda poner en estado de la mayor.”

Gran parte de la destrucción de la arruinada Guatemala, después de los estragos de los terremotos de 1773, ocasiona la propuesta de Marín, misma que se lleva a cabo durante la traslación, y es la siguiente: “Igualmente por lo que toca a mi facultad hallo abundancia de cal, con la inmediación de menos de medio de cuarto de legua, arena, y talpetate, de maderas de diferentes calidades, y superiores no a larga distancia, de suelo consistente, y piedra no con abundancia, pero sí la suficiente por ahora, y hasta que el tiempo ofrezca otras proporciones que podrán facilitarse; y cuando no se lograse supliría la cantidad de ladrillo, que se puede hacer como se quiera, teja, y demás obra cosida: se logrará la utilidad no de corta consideración de que se pueda aprovechar en las fábricas de los edificios, muchas partes de los que componían los de la Ciudad arruinada, como son tejas, maderas, rejas, puertas, y ventanas.”

La situación sísmica se tornaba crítica. Una carta de Antonio Marín a Martín de Mayorga, fechada en la Ermita el 1 de enero de 1774, relata todos los pormenores de la desastrosa situación de la ciudad y penalidades de sus habitantes. Indica que: “No dejan de repetir los temblores en Guatemala, con la misma fuerza, y continuación, como los de la tarde del día 29 de Julio de su ruina, hasta aquí hemos experimentado algunos muy fuertes, y violentos, principalmente el de la tarde del día 13 y mañana del 14 del mes de diciembre próximo pasado asegurando todos fueron mayores, porque se experimentó en ellos, lo que no en los antecedentes. Que fue abrirse la tierra en distintos parajes, el camino que está en la cuesta de las cañas no muy lejos de la ciudad, se derrumbó enteramente, quedando casi imposibilitado su tránsito, cayéndose muchos árboles en la ciudad, y echando un hedor pestilente de Azufre que sale de las aberturas se arrasaron muchas casas de las que mantenían alguna consistencia y diferentes Iglesias y Conventos, que estaban para ello: una porción interior del Palacio Real; y de la Real casa de Moneda la bóveda de la Sala de Cizalla, y su pared, con otras infinitas ruinas de lo poco que había quedado existente, particularmente de las casas, con bastantes desgracias de personas, sobre todo de los infelices Indios. Los volcanes están continuamente retumbando con un ruido subterráneo, que los más antiguos no lo han experimentado; todos estábamos en una continua zozobra, y atemorizados, temiendo un funesto suceso si llega el caso de reventar.”

Un documento que arroja valiosa información en torno al aspecto desolador de la arruinada Guatemala es el sermón de Batres y González, al bendecir el nuevo templo de monjas capuchinas debido a la traslación al nuevo asentamiento. Le corresponde al arquitecto mayor de Obras de la Nueva Guatemala, Bernardo Ramírez, construir el nuevo templo, el cual se inaugura en 1789.

El sermón inaugural pronunciado por el maestro Juan José González de Batres, nos da una relación del estado de la arruinada Guatemala: “… apenas encontrareis unos tristes
“… Los volcanes están continuamente retumbando con un ruido subterráneo, que los más antiguos no lo han experimentado; todos estábamos en una continua zozobra, y atemorizados, temiendo un funesto suceso si llega el caso de reventar.” xxxxxxxx se sienten orgullosos de que su capital siga siendo “La Ciudad de la vestigios de aquella capital de tanto decoro, que hacía las delicias del reino, veréis disipadas por sus calles las piedras, cubiertas sus plazas de fragmentos, postradas en tierra sus torres, y humillados sus más soberbios edificios, en una palabra no veréis más, que un espantoso cúmulo de ruinas. “Id pues a la arruinada Guatemala, a aquella desgraciada capital de que salimos huyendo en vez de huir de nuestras culpas: allí veréis con vuestros propios ojos un tal cual bosquejo de la ciudad de silo: allí veréis los templos del señor sepultados en sus ruinas, aquellos templos en que obró tantas misericordias, en que convirtió a tantos saqueos, en que resucitó a tantos lázaros, en que perdonó a tantas magdalenas, y en que tantas samaritanas encontraron en el pozo de Jacob: allí veréis dispersas las piedras del santuario…”

El traslado

El 15 de diciembre de 1775 el Ayuntamiento dice: “ …se sirve Vuestra Señoría declarar que todos los privilegios y prerrogativas de la arruinada Guatemala se hallan en este establecimiento y que debe hacerse la elección de Alcaldes Ordinarios para el próximo año 76, donde se usarán de sus facultades con los mismos términos que actualmente las ejercen en esta… En cuya Inteligencia queda este Ayuntamiento con su mayor respeto, pronto a ejecutar las Órdenes de Vuestra Señoría. Sala Capitular de Guatemala y Diciembre 24 de 1775.” Como el traslado de la ciudad de Santiago de Guatemala a la Ermita es completo, se usa corrientemente el nombre de ciudad de Guatemala. “(…) que estando mandando hacer la traslación formal al llano de la Virgen (…) le parece que de las primeras disposiciones, la principal es que se constituya en este establecimiento el Noble Ayuntamiento con sus Alcaldes y Regidores y Procurador Síndico, tanto por ser esta la Capital del Reino como porque ese noble cuerpo no puede separarse de ella y es necesario así para ejecutar la traslación (…) que esta es la verdadera Capital y en quien subrogan todos los honores, privilegios, prerrogativas que tenía la antigua ciudad y en esa virtud debe Vuestra Señoría mandar que los Alcaldes y Noble Ayuntamiento lo verifiquen (…)” Determinado el lugar para establecer a la ciudad de Guatemala, y para dar seguimiento a las disposiciones del rey Carlos III de 1775, el Ayuntamiento estaba obligado a establecerse en la Ermita, esto a partir del 24 de diciembre de 1775, por lo que la primera sesión en dicho asentamiento se realiza el 2 de enero de 1776. Mediante Real Cédula de Carlos III fechada en el Real Sitio de Aranjuez el 23 de mayo de 1776, la ciudad se denomina Nueva Guatemala de la Asunción, tomando en cuenta el nombre histórico y popular de Guatemala y de la Asunción, debido a la patrona titular de la Parroquia del valle de la Ermita. La traza Trazar una ciudad en Hispanoamérica no era una tarea simple de tirar el cordel y hacer las calles. Previamente se estudiaba el lugar donde debería de establecerse, tomando en cuenta el “… Id pues a la arruinada Guatemala, a aquella desgraciada capital de que salimos huyendo en vez de huir de nuestras culpas: allí veréis con vuestros propios ojos… los templos del señor sepultados en sus ruinas…”