Mi revelación con la Dolorosa de San Juan de Dios

La Dolorosa de la Casa de Anguiano de Quetzaltenango, es una imagen única y especial, podría contarles varias historias propias o ajenas entorno a ella, pero quiero hablar de la que me paso especialmente a mí, como su fiel devota y nueva presidenta.

Las elecciones de la nueva Junta Directiva de la Hermandad de la C.I. de la Santísima Virgen de Dolores de San Juan de Dios estaban por llevarse a cabo. Un día antes, fui a dormir como de costumbre y tuve un sueño bastante peculiar.

Soñé que estaba en la iglesia, una mañana de viernes santo. Llegaba el momento de sacar a mi Madre Santísima en su plataforma por la puerta de la iglesia, la marcha fúnebre ya había sonado y por ende la granadera al momento de salir se iba a ejecutar. Podía ver a mi madre en su plataforma, mientras yo dirigía la salida desde el frente del mueble. Al momento de la salida, las personas me decían: “Solo Usted puede verla, la Virgencita no está allí.”

Dichas personas, creo, son aquellas personas que al parecer no querían verme como presidenta de la institución puesto que yo iba como una de las candidatas para la elección del día siguiente. Para ser sincera, tuve muchos obstáculos y puse en manos de María la decisión. Justamente, la noche anterior que comente anteriormente, había orado a Ella, pues si era mi momento, ella sabría darme junto a la oportunidad, todo lo que fuera necesario para servirle.

A la semana siguiente, tal y como mi Madre me lo revelo en sueños, fui electa presidenta de la hermandad. Un mes después, se dio la entrega oficial de la hermandad y al mismo tiempo el cambio del vestuario de la imagen. Ocurrió una situación bastante curiosa, al momento de ser cambiada, por la posición de las manos de la imagen, estas están juntas y son una sola pieza, no separadas como en otras dolorosas.

Esto implica que ella debe “ceder las manos”. Dichas manos son una pieza separada de la escultura y deben ser retiradas para poder realizar el cambio de manera correcta. Ella por lo general no permite que todas las personas puedan tocar sus manos. Yo me atrase con las demás entregas de las otras comisiones de la Hermandad y otras hermanas directivas se adelantaron a la iglesia, para bajarla de su camarín y prepararla para su cambio.

Entonces, al llegar a la iglesia, las demás hermanas me comentaron preocupadas que ella “No se dejaría cambiar, ya que no dio sus manos, no”, no podían retirárselas. Ante la pena, decidí orar, pedirle permiso y fue así como cedió sus manos para que se realizara el cambio.

Esto es algo que no sucede a menudo, fue la primera oportunidad que tuve para cambiarla y creo que el hecho de que mi Madre Santísima haya cedido sus manos es una clara señal de que se me manifestó en sueños y es su deseo que trabaje para ella.