Rafael Carrera y la Santísima Virgen del Rosario de Quetzaltenango

Existen muchas historias de antaño en Guatemala, en especial si hablamos de su historia; ya sea cultura, política o religión, nuestro país siempre tiene algo que contarnos en cuanto a lo que ha sido testigo de lo que pasa en sus benditas tierras. En esta ocasión, contaremos una historia que mezcla la religión con la política de nuestro país y evito lo que hubiese sido una masacre en la noble ciudad de la estrella: Quetzaltenango.

El escritor J. Luis García A. en su libro “Don Rufino” en las primeras décadas del siglo XX (Siglo de publicación del libro) en el capítulo 20 titulado “EN XELAJU” narra que después de la segunda invasión al estado de los altos por Rafael Carrera aconteció un suceso que vino a refutar el patronazgo de la Virgen del Rosario en la ciudad de Quetzaltenango.

Corría el año de 1,849 y Rafael Carrera había culminado su segundo mandato como presidente de la República de Guatemala, en ese entonces viajo a la ciudad de Quetzaltenango con el deseo de invadir la ciudad que en ese entonces formaba parte del Estado de los Altos el cual era mal visto por el gobierno en turno de Guatemala y causaba diversos conflictos políticos. Carrera estaba decidido a realizar una masacre en la ciudad y las mujeres quetzaltecas, al enterarse de la pronta invasión, corrieron a a la Catedral de los Altos a postrarse en llanto a los pies de la Virgen del Rosario por las vidas de sus hijos, esposos y hermanos que estaban dispuestos a dar su vida por el Estado de los Altos y sus familias.

Cuenta la leyenda que cuando Carrera se acercaba a Quetzaltenango, en un bosquecillo se le apareció una bella y fina dama, la que, con su belleza cautivo al salvaje, entablando un dialogo entre los dos. Carrera expreso que los altenses eran unos cobardes que se escudaban en una dama enviándole a pedir mercedes (piedad), ella hizo prometer al desalmado que no cometería los crímenes de los años cuarenta y a la vez le indico que le vería al siguiente día en la iglesia del Espíritu Santo (Catedral). Al estar en la ciudad la busco por todos lados y no la encontró, enfurecido, a la hora del Te Deum el feroz conquistador ingreso a la iglesia junto a ilustres personajes y corporaciones invadieron el templo. Acompañado de su sequito llego el guerrillero ganador de batallas. El oficio iba a comenzar pero al ver hacia el altar ¡Allí Estaba Ella! ! ¡Era la mismísima Madre de Dios! Era la Virgen del Rosario, que un día antes, se hizo mujer de Quetzaltenango para ir a obtener la promesa que nada le pasaría a su pueblo.

La mente del guerrillero se iluminó. ¡El odio Feroz que ya miraba sus pasos y sus acciones desapareció! la cita se había cumplido; allí estaba ella esperando, desde entonces se reafirmó a la Virgen del Rosario como Patrona de Xelajú. Y así como lo narra J. Luis García A. cierto o ficticio, esta es una muestra del patronazgo y la protección de la Virgen del Rosario, cuyo reinado que viene desde mucho antes de 1,849 es una bendición para los hijos quetzaltecos.

 

Fuentes:

  • “Breve Antología de Orgullos Quetzaltecos Virgen del Rosario”, 2006, Profesor Ronald Ernesto Barrios Batres.
  • * www.radiotgd.com