Mi primer Viernes Santo con el Cristo Yacente del Calvario

Cristo Yacente del Calvario (1)

Anécdota de: Carlos Henderson

Fue el 6 de abril de 2012, tenía 15 años de edad era mi décimo cuarto de ver la procesión y como siempre estaba con un sin fin de emociones; observé su salida al costado derecho del templo, cuando vi la monumental anda del ‘Cristo de Los Pobres’ fue algo indescriptible pues era la primera vez que veía la salida tan cerca.
Así fui caminando en el trascurso del recorrido y poco a poco llego a la primera avenida y diecinueve calle, ese año el turno que me correspondía era el turno 22, el cual era de la 1ra. Av. Y 9na calle de la zona 1, es decir, a un costado del Santuario de La Virgen de Guadalupe, un lugar que para mi es especial pues mis padres contrajeron matrimonio en ese bello Santuario y sería la primera vez que cargaría en las procesiones mayores y que mejor que con mi Sepultado a quien le tengo tanta devoción.

Cristo Yacente del Calvario (1)

Pues bien yo me adelante de las andas exactamente donde me correspondería tomar el turno, por que ahí estaría mi abuelo (Q.E.P.D) y más familiarias fueron a ver ahí la procesión.

Cuando sólo faltaban 3 cuadras para que llegará al Santuario le dije a mi abuelo que tenía nervios y un poco de miedo porque el anda era demasiado grande y podría pesar mucho y quizá no aguantaría. «No tengas miedo, vos sólo decile Gracias Señor por darme salud y la bendición de llevarte en hombros, gracias por mi familia, te pido me permitas llevarte hasta la otra cuadra sin ninguna novedad. Amén» fue lo que me dijeron.

Eso hizo que mi Fe aumentará y me sintiera muy tranquilo. Fui a formarme y se llegaron las andas, recuerdo bien la hora: 18:45 y el brazo que me asignaron fue el 27, al tomar el turno entre en un momento profundo de oración y entre mi oración estuvieron las palabras que mi abuelo me dijo, de pronto todo se quedó en pleno silencio y abrí los ojos y estaba en un lugar bello y vi a un hombre de cabello castaño con colochos y su rostro la cubría una luz inmensa que no segaba.

Este hombre me habló y me dijo: «Ven toma mi mano y jamás la sientes que yo estaré contigo siempre, no lo olvides!» Tome su mano y me sentí con una paz y una tranquilidad inmensa.

Luego de eso volví a escuchar la marcha que sonaría en el turno el cual era «El Milagro» de Manuel Antonio Ramírez C. Y sentí en mis mejillas correr una lágrima y me sentí tan bien mi alma radiaba paz y en ese mismo momento le di las gracias al Cristo Yacente del Calvario por tan bello turno y que lo llevaría en hombros hasta que él me lo permitiera!

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