Poema a Jesús de la Merced por Dolores Montenegro de Torres

Poema a Jesús de la Merced

El poema a Jesús de la Merced escrito por la devota Dolores Montenegro de Torres en 1892.

Santo de rogativa, imagen peregrina,

Jesús de la Merced; Jesús de la Reseña

y de ¡Señor Pequé!. Jesús del callejón;

Jesús del buen consejo; Jesús siempre Jesús….

I Santo de rogativa, imagen peregrina, Jesús de la Merced; Jesús de la Reseña y de ¡Señor Pequé!. Jesús del callejón; Jesús del buen consejo; Jesús siempre Jesús…. Mi abuela me contaba que cuando caminabas con la cruz acuestas, cansado y doliente frente a Catedral la enorme campana del clásico templo, marcaba tu paso con triste tañido.  Y con su sonido llenaba el ambiente de llanto y piedad. Mirando tu rostro las gentes decían, que en boca de todos brotaban los cantos: salmos y alabados; notas y armonías, que al cielo subían en nubes de incienso. Y mientras más altas más se diluían, Perdón oh Dios mío, perdón e indulgencia; perdón y piedad. Todo el corifeo, divos y solistas sin un pentagrama, sin solfas, ni claves; cantaban  con voces trémulas y mustias sentidos acordes, mezclados con llanto. Eran notas tristes, sentidos lamentos sencillos y tiernos, que creaban la escena del místico encuentro. Entre el nazareno y el sufrido pueblo. Era muy solemne la imagen de Cristo , llenaba el ambiente, detenía el tiempo y en breves instantes reinaba el silencio Y solo se oía el rumor del viento, que en sus remolinos llevaba gemidos y también suspiros de los asistentes. Cuatro evangelistas guardaban la marcha del ilustre mártir, el dedo de Juan señala hacia arriba, su gesto anuncia con firme actitud que el Santo Cordero solo y despreciado, lento ha caminado frente a Catedral, y que allá en el cielo el sol se ha vestido con un negro velo. Que ángeles llorones del cielo venían, y un paño muy blanco en manos traían, que a la dolorosa pronto lo darían; para recogerle de cada mejilla los finos diamantes que sus bellos ojos pronto tallarían. Eso no era todo decía la anciana, el rostro del Cristo se llena de perlas y gotas de agua. Es sudor y llanto, suda el Nazareno y de sus tiernos ojos brotan dos luceros. Dicho todo esto seguía rezando cuentas y misterios del Rosario Santo. II Nazareno, Nazareno, cuanta historia guardas en tu memoria. Cuantas preces y oraciones congojas y peticiones que el tiempo te  ha ido contando todos los viernes del año. Cuanto dolor y amargura, cuanto llanto, cuanta pena, tanta carga, tanto peso, tanta fatiga y cansancio Nazareno Mercedario. III Santiago de Guatemala, ciudad de noble estirpe y religiosa arquitectura, mosaico de ermitas, templos, conventos, capillas y monasterios. De Hidalgos y Caballeros que llevan sombrero, capa y armadura. Ciudad de escudos, fuentes, sirenas y beaterios, poblada de monjes, Legos y nazarenos, dulce Guatemala que cantó el poeta, coronada de montañas, a la sombra de volcanes dormitada en el silencio y en la noche de lo eterno. Fue esa ciudad quien te llevo en su seno, y espero paciente que llegara el tiempo de tu alumbramiento. La explosión barroca conformo tu imagen Mateo de Zúñiga con raíz de cedro engendro tu carne; José de la Cerda todo un personaje te dio los colores de piel y de sangre. Conjugaron todo, postura y mirada, el místico drama, la cruel agonía, la deuda del hombre, la cuenta saldada. Tu fama creció, tu gesto y figura, al pueblo completo lo cautivo; toda la escultura también la pintura. Desde ese momento en ti se inspiró y en pocas palabras, la ciudad entera a ti se entrego. Patrón jurado, perpetuo y eterno. En solemne acto fuiste declarado, el ayuntamiento había decretado que ante cualquier pena y calamidad rogativas y rezos, te fueran celebrados. Pasaron los años, el siglo XVIII; con sus esperanzas y con sus afanas llegaba a Santiago, la ciudad crecía, todo prosperaba, se elevaban torres y techos de teja. Al compás de laudes y cantos de iglesia, Y entre los jardines y los corredores florecían claveles, brotaban las rosas y la gente alegre hablaba de ti y de muchas cosas. IV Habló el Mercedario con voz muy potente: Israel ungía reyes y profetas también sacerdotes. Los tres consagra y la frente baña con oleos muy finos. En el nazareno, los tres atributos, las tres dignidades, son las tres esencias y tres igualdades, ya que es rey de vivos y señor de muertos. Las huestes celestes, los reinos terrenos; se postran y cantan a los cuatro vientos, los salmos de gloria y todos los portentos que el Hijo del Hombre los tiene por cientos. El es sacerdote, victima y ofrenda, mediador perpetuo, sacrificio eterno No hay más que agregar ;  no queda otra cosa; que ungir su figura, vamos pues al rito, que empieza el Obispo.

 

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