Otra versión histórica de la consagración del Señor Sepultado de la Recolección

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Anécdota de Wilfred Monroy.

Estoy seguro que encontrarnos con Jesús ha sido la experiencia más maravillosa de nuestras vidas, y de hecho, esa experiencia vino a cambiar la perspectiva de nuestra vida y nos permitió ser perdonados de nuestros pecados.

A unos Nuestro Señor los encuentra en plena la misa, a otros en reflexión en lo privado, a otros en el rezó en un grupo de oración de la Iglesia y otros, como yo, en una procesión: de hecho mis mejores pláticas con Jesús ha sido en filas, pues me ha respondido de una forma extraordinaria. ¿Por qué digo esto? Les contare mi anécdota de la Consagración del Cristo de la Penitencia del Templo de La Recolección. Desde el momento que supe de la consagración y que seguramente había procesión conmemorativa de tal suceso, trascendental e histórico, me propuse conseguir un turno para llevarlo en hombros.

Lastimosamente, por cuestiones económicas, de tiempo y esfuerzo, no me fue posible conseguir una cartulina; curiosamente, hasta los que siempre me buscan para cargar con su grupo de amigos en rezados y en velaciones (todos tenemos un grupo de amigos así) esta vez ni me tomaron en cuenta. Sentí mucha pero mucho envidia de los que si pudieron conseguir una cartulina, pues era algo que yo deseaba, pero no se logró; sin embargo, consideré que podía ir a ver la consagración y estar en toda la misa, a modo de resarcimiento para mi mismo. Recuerdo que ese no fue un día cualquiera para mi: ese día me levanté desde temprano para ir al templo de la Recolección, para conseguir lugar entre las bancas de enfrente, ya con mi traje planchado y con mi camisa limpia, así como la mejor de mis corbatas, aunque no tuviera turno… pero el Señor tenía otros planes para mi, definitivamente. Resulta ser que ese día mi mamá necesitaba ayuda con unos asuntos y puesto que mi papá no se sentía bien, me pidió ayuda a mi.

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Consagración salida señor sepultado de la Recolección. foto Youtube

Quise mentirle para zafarme de esa responsabilidad, pero no se me ocurrió ninguna buena farsa para darle como mi razón para no hacer nada e irme de una vez. Medio de mala gana la ayude, porque sabía que eso me iba a atrasar. Luego mi papá me pidió unos minutos de mi tiempo para arreglar otras cosas, que él no se animaba por no contar en ese momento con la salud. Otra vez quise zafarme, pero otra vez no se me ocurrió nada. Lo ayude y me cansé muchísimo. Para no hacer largo el asunto, no pude irme a la Recolección y cuando me di cuenta, ya era casi hora para la consagración. Algo enojado y triste, me senté frente al televisor y puse alguno de los canales nacionales para ver la transmisión en directo. Comenzó la misa y el mensaje que pronunciaron me comenzó a calmar mucho, pues hablaba sobre que ese es un buen día para reflexionar acerca de nuestro andar en el Señor, puesto que la voluntad de Dios al llamarnos era edificarnos en amor para que abundáramos en acciones de gracia.

De repente llegaron mis dos papás y mi hermano a sentarse conmigo a ver que estaba viendo. Medio extrañado, note como sonreían del gusto de ver el acto y lo solemne de todo… de repente me di cuenta de algo: ¡Estaba viendo la consagración del Señor Sepultado con mi familia! Definitivamente, eso era mucho más de lo que podría haber imaginado para esa ocasión tan especial. Creo que sin sentir el tiempo, vimos el resto de la misa, la transmisión de la salida de la procesión y los hermosos mensajes de los narradores, que de alguna forma, hicieron que tanto mis padres como mi hermano se sintieran mejor con sus pesares y como las palabras dichas en ese acto, curaron viejas heridas que teníamos entre nosotros. Rezamos agarrados de la mano, para dar gracias a Dios por la familia y su unidad. Apagamos el televisor y mi papá me hizo sonreír al decirme “mijo, que lindo todo eso ¿el otro año hacen otra vez esa actividad? Yo quiero ir a verlo en vivo”. Le explique que la consagración de una imagen es solo un símbolo, que se hace una vez en la vida y en realidad somos nosotros, los devotos, los que nos consagramos a Dios a través de la imagen que se convierte en un objeto reconocido por la Iglesia como medio de conexión con el Dios Todopoderoso. La sonrisa de mis papás al escuchar la explicación fue inigualable, por lo que me sentí bien de saber que no es solo un acto de poner unas crucecitas y echar un poco de oleo a una imagen. El haber podido ver la misa con mi familia me hizo reflexionar como a veces, las personas consideramos que un deseo es una necesidad.

Mi deseo de ir a ver la consagración era una necesidad y una obsesión, por asi decirlo y el no lograr nada de lo que deseaba (ni turno, ni misa en vivo) me estaba haciendo sentir miserable y que Dios me había abandonado… pero Jesús me quería decir entre líneas que mi corazón estaba tan consumido por un deseo, que satisfacerlo me parecía crucial, sin embargo eso no me iba a alimentar tanto el alma como estar con mi familia y compartir con ellos ese momento. Tonto yo, que deje de confiar en los designios de Dios, ya me había cambiado a mi ropa normal, cuando de repente me llamó un amigo para preguntarme si tenía turno, por lo que le conteste que no, pero si él tenía uno que le sobrará que se lo compraba (ya me hacía corriendo a algún punto de la procesión a buscarlo), a lo cual me dijo “si, aquí tengo la Comisión del Portal del Comercio… venite a mi casa a traerla y me pagas después”. Resulta ser que este amigo vive a cuadra y media de mi casa, por lo que casi que colgando el teléfono, me fui inmediatamente a su casa. Al darme la cartulina pensé: “Era tal mi necesidad? Si me hubiera ido, estaría bajo el sol, sin cartulina y sin lo más esencial para cumplir el propósito de Dios que seguramente era que el mensaje de la consagración le llegara a mi familia. Ir a la Recolección era solo para mi disfrute personal, pero el plan de Dios era otro”. Di las gracias y me fui a cambiar otra vez.

La procesión ya había salido, por lo que tuve que apurar el paso mucho, pero al llegar al Parque Central me di cuenta que llegué mucho antes incluso de la llegada de los primeros estandartes al lugar. Me di el gusto de tomar fotos, platicar con algunos amigos y buscar tranquilamente algo de tomar. Mientras estaba esperando mi turno, me encontré un amigo de hace algunos años y me dio tanto gusto, que se me olvido todo y todo. Platicamos muy bonito y más gusto me dio el enterarme que él también iba a cargar el mismo turno que yo. Es allí donde me di cuenta que definitivamente todo lo pasado tenía un propósito. El turno fue hermoso y me reconforto mucho otras penas que tenía en mi corazón, que no vienen al caso, pero los que me conocen de verdad saben cuales eran.

señor sepultado de la recoleccion
señor sepultado de la recoleccion. Foto pasosdedevocion.com

Luego de mi turno, Dios tenía otra sorpresa para mí, pues al terminar el turno me encontré con otro amigo con el que me fui caminando en filas y que entre platicas, oraciones y mucha reflexión (es una persona muy espiritual él), luego de contarle lo primero que les cuento, me dijo algo así: “…Creo que A Dios también le agrada satisfacer nuestros deseos que están dentro de los límites de su propósito y su voluntad. Las cosas que anhelamos producen placer, diversión o una sensación de alegría… muchas son buenas y dignas de tenerse, pero pueden convertirse en problemáticas si nos llegamos a obsesionar con ellas y cuando las consideramos esenciales para nuestros planes. Dios no está obligado a concedernos nuestros deseos o satisfacer nuestros planes, sino los suyos. Él dice que quienes le busquen no tendrán falta de ningún bien…”. Eso fue como un balde de agua fría para mí, porque allí es donde me di cuenta que definitivamente había permitido que las circunstancias de la vida me apartaran del sendero de Su Voluntad, por hacer la mía. Me sentí tan especial, que no me importó mojarme, ni el resfriarme un poco consecuencia de eso, pues me sentí tan lleno de amor de Dios que realmente hubiera querido que no acabara esa sensación nunca.

Creo que me quedó de enseñanza que no hay que permitir que que los obstáculos en el camino desvíen nuestro objetivo, y que no hay que dar lugar al enemigo a devaluar tu amor por el Señor, que la disposición de tu corazón siempre sea el agradar a tu Creador, mas allá de agradar a un ojo humano tu objetivo numero uno sea agradar el ojo Divino. Creo que esa consagración fue mucho más de lo que esperaba y me dejo más lecciones de lo que me imaginaba, pues ya en las ultimas notas que pude escuchar antes de abandonar la procesión, me di cuenta que en todo lo que envolvía ese día, se encontraba la plenitud y la satisfacción que solo Dios nos puede dar a través de sus enseñanzas de vida.

“Amaras a Dios sobre todas las cosas”, “Honraras padre y madre”, “No desearas los bienes ajenos”, “No mentiras” son cuatro mandamientos que ahora tengo presentes cuando las cosas no me están saliendo como yo quería, pues El gozo genuino lo encontraré siempre en el Señor y en someterme a Su voluntad divina.

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Author: Cucurucho en Guatemala

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