Mi primera vez como cucurucho antigüeño

Procesión Jesús Nazareno de Santa Ana

Procesión Jesús Nazareno de Santa Ana

Procesión de Jesús Nazareno de Santa Ana. (Foto: Jesusenguatemala.com)

(Texto original de Luis Morataya)

Gracias a mi señora madre yo aprendí a ser cucurucho, a amar la Semana Santa y lo más importante a amar a Dios. Mi familia no se distingue por ser una familia de cucuruchos, es más, en mi casa solo mi mama y yo cargamos.

A mi padre y a mi hermana ni les gustan las procesiones y mi hermano es indiferente ante este tema. Mi único consuelo es mi madre y por ello yo solamente había cargado en procesiones de la capital.

En el 2005 fuimos a pasear a la Antigua Guatemala, un Cuarto Domingo de Cuaresma. Cuando íbamos camino al parque, nos topamos con la procesión de Jesús Nazareno de Santa Ana, yo estaba emocionado porque era la primera vez que miraba una procesión antigüeña.

Al apreciar la mirada del nazareno de Santa Ana, sentí algo especial hacia el nazareno de la «Dulce Mirada” por lo que le prometí que si algún día cargaba en Antigua, seria a Él a quien cargaría en mi primera vez. En aquel entonces yo tenía 14 años y era un adolescente soñador.

En la tercera semana de Cuaresma del año 2013, a pesar de que contaba con un trabajo de medio tiempo y no muy bien pagado, me quise arriesgar a inscribirme para llevar en hombros al nazareno de Santa Ana, pero tenía un par de inconvenientes, no tenía cinturón morado y tampoco tenía suficiente capital para hacer el viaje hasta allá. Entonces, con mucha tristeza, me resigne y le pedí mucho a Dios que me diera esa dicha el siguiente año.

A finales del 2013 me dieron un aumento en mi trabajo y con tiempo mande a hacer mi cinturón morado y en diciembre hice unos cuantos sacrificios ahorrando dinero para hacer el respectivo viaje a Antigua el Cuarto Domingo.

En enero del 2014 mi cuñada dio a luz a mi bello sobrino, pero a mi hermano se le ocurrió meterla a un sanatorio de no muy buena fama y al momento de pagar la cuenta de la hospitalización ya no eran Q4 mil como habían dicho, sino que nos cobraron Q30 mil por el parto de mi cuñada.

En casa todos tuvimos que cooperar y los ahorros que había guardado para el Cuarto Domingo tuve que sacrificarlos. Esto nos afectó bastante en nuestra economía y los meses de Enero, Febrero y Marzo fueron meses difíciles, hice milagros para poder adquirir mis turnos para las procesiones del 2014 (entre esos el turno de Jesús de Santa Ana) y también hicimos milagros para poder comer pero gracias a Dios nunca nos faltaron los sagrados alimentos.

Estábamos a Cuarto Viernes de Cuaresma y yo lloraba por dentro amargamente porque no tenía ni un centavo para hacer el viaje el domingo y en mi trabajo me pagaban hasta día martes de la siguiente semana.

El sábado al medio día, mi padre entro a mi cuarto y me entrego un sobre y me dijo «Aquí te devuelvo aunque sea una parte de lo que diste para el parto de Camilo (así se llama mi sobrino), ya podes irte tranquilo mañana a la Antigua» dijo y yo realmente ni lo creía, por que ya estaba resignado a que por un año mas no llevaría en hombros al Señor de Santa Ana.

Llego el ansiado Cuarto Domingo de Cuaresma y desde las 5 de la mañana me desperté y aliste mis cosas. Mi hermano se levantó y me dijo «poneme lo de la gasolina y te llevo» y le dije que estaba bueno y con mi familia nos fuimos para Santa Ana.

Cuando llegamos yo no creía que estaba parado en la plazuela de Santa Ana. Ese imponente templo, que solo por fotos había apreciado, no podía creer que lo estaba viendo en vivo.

Entramos a la Sagrada Eucaristía de 8 de la mañana y luego me fui a un costado del Templo a recoger mi turno. Me toco la tanda número 8, apreciamos la salida del nazareno de Santa Ana y ante ese bello marco, me integre a las filas.

Estando en filas no entendía por que el hermano de atrás me tocaba la espalda y se quedaba parado mientras yo avanzaba, hasta como después de 3 veces de lo mismo, le pregunte por que hacia tal cosa y me explico que para detener las filas los cucuruchos se tocaban la espalda, una costumbre antigüeña nueva para mí.

Como los turnos de Santa Ana no llevan dirección atrás de donde corresponde el turno, tuve que ir atento a la tanda que iba cargando para ir a formarme a la mía. Cuando llegué al punto donde me tocaba cargar, me fije que me tocaba cargar en el último brazo del anda, en el brazo 60.

Cuando las andas del Señor de Santa Ana llegaron al punto donde me tocaba cargar y paso frente a mí, me quede sin aliento. Sonó el timbre y me dirigí al brazo 60 y amablemente el hermano de la tanda 7 me cedió el brazo 60.

Cuando comenzó a sonar la marcha, me llevo la sorpresa que era “Condena Injusta”, mi marcha favorita. Esos 10 minutos que duro mi turno realmente no los sentí y entre lágrimas de alegría; le agradecía a Jesús de Santa Ana por permitirme estar con Él, pues solo Él sabia el deseo que tenia de acompañarlo un Cuarto Domingo de Cuaresma.

Nueve años después me concedió dicha gracia y a la vez fue mi bienvenida como cucurucho antigüeño. Gracias al Señor, después de ese día la situación económica en mi hogar fue mejorando notablemente y hoy en día quizá no vivimos entre grandes lujos pero tenemos lo suficiente para sobrevivir.

Este año 2015 le pido a Dios me de vida y salud para estar presente un Cuarto Domingo de Cuaresma más con Jesús de Santa Ana. Así también me inscribí en La Merced para llevar en hombros al mercedario antigüeño el próximo Domingo de Ramos, hasta me siento un poco nervioso ya por que lleguen esos 2 domingos.

Author: Esvin Lopez