El mejor turno de mi vida fue con Jesús de la Caída.

Antes no quería cargar a Jesús de la Caída; pero fue así de repente que en mi corazón nació la necesidad de llevarlo en mis hombros.

La primera vez que cargué en Guatemala, fue un cuarto domingo de cuaresma del 2011 y al siguiente año tuve la oportunidad de cargar a Jesús de la Merced en Antigua Guatemala. Recuerdo que ese primer año en Antigua me correspondió mi turno en las Obras sociales del Hermano Pedro con la bella marcha ‘Tu eres Pedro’ y así fue como iniciaron mis participaciones en la ciudad colonial. Luego de cargar a Jesús de la Merced en el 2012, empecé a sentir algo por Jesús de la Caída. Nunca lo había visto de cerca hasta el día que me fui a inscribir para su procesión del 2013, fecha desde la cual participo año con año en el tan esperado quinto domingo de cuaresma. Mi primera vez con el Soberano, fue una maravillosa experiencia, pero muy lejana a como serían las próximas.

Salida Jesús de la Caída 2014 (Fotografía: Luigui Granados)

En el 2014 lo hacemos en familia e inscribo a mi pequeña hija de 2 años para cargar a la réplica pre-infantil de la Virgen de la Soledad del templo de la Escuela de Cristo. Por ser de El Salvador y por la dificultad de recorrer esos casi 400 kilómetros para recoger mi turno, me ofrece la Hermandad entregármelo el día sábado antes de la procesión del quinto domingo. Llegué al templo de San Bartolo a las 10:30 como se me había indicado pero no contaban con las llaves donde estaban las cartulinas. Así empezó mi dulce y acalorada espera en las afueras del templo. A eso de las 02:30 de la tarde, junto con otras personas que esperábamos, fueron entregados los turnos. Estaban todos menos el mío. El miembro de La Hermandad dijo: ¿Falta uno? Creo que es una ‘salida’; ¡me entusiasme! pero no era salida; Lleva Palacio me dijo. Una familia me dio ‘aventón’ de San Bartolomé a la Antigua y corrí para llevar a mi pequeña hija a la procesión. Así terminó el quinto sábado de cuaresma.

Quinto Domingo de Cuaresma

A las 04:00 de la mañana ya estaba listo para caminar al templo y presenciar la imponente salida de aquel que de alguna manera: Me enamoró. Logré estar justo en la parte frontal para poder captar las mejores fotos y ver como El Soberano salía a bendecir al pueblo que lo esperaba. Tanda 66 era la que me correspondía, las horas pasaron y cuando el Soberano se perfilaba a pasar por catedral, yo ya esperaba al final de la cuadra para hacer el relevo. Llegó el momento en que el anda inició su giro para pasar frente al Palacio y los 90 cargadores que relevaríamos, lo esperábamos con la rodilla al suelo.

Procesión de Jesús de la Caída frente a Palacio de los capitanes. (Fotografía: María Isabel Ramos)

Ya con Jesús en hombros, le pedí al Señor: ‘Señor, si pudieras regalarme un segundo de tu pasión; un segundo nada más; porque más, se que no lo soportaría’. Increíblemente, no teníamos ni un minuto de iniciado el turno cuando comencé a sentir un peso casi insoportable, no había ni empezado la banda a ejecutar la marcha cuando ya íbamos literalmente agachados. Ese año correspondió ‘El duelo de la patria’ por lo que sabíamos que el turno iba a ser bastante largo. Bien presente tengo, cuando la banda inició a ejecutar la marcha; en ese momento empecé a ensordecerme y no escuchaba mas que murmullos de personas, pude sentir que mi rodilla tronaba y que cada vez estaba mas cerca del suelo. Parecía interminable, estaba completamente agotado y recuerdo haber descansado mi rostro en la espalda del cucurucho que iba en el brazo de adelante. Logré escuchar a uno de La Hermandad que dijo “uno, dos, tres” y en un mismo esfuerzo levantamos el anda; en ese momento, escuché el sonido de una herramienta golpeando algo; al descansar el hombro en la almohadilla tuve la sensación como de un ‘tornillo’ (así lo describo) que penetraba mi hombro. Fue luego de ese incidente, que podría decirse que volví al momento en que me encontraba; la marcha estaba por terminar y al lado del anda, iba mi esposa que era un mar de lágrimas. Nuevamente pasó alguien de La Hermandad y dijo ‘Vamos señores, ya casi termina’. En ese turno, puedo asegurar que comprendí la frase “Como vas a saber lo que es sentirse agobiado, si nunca has estado a pocos metros de terminar el turno y el timbre no suena”. Este ha sido: El mejor turno de mi vida.

Turno de Palacio de los capitanes 2014.