Mi mejor día con Cristo Yacente del Calvario

Procesion del Cristo Yacente del Calvario

Procesion del Cristo Yacente del Calvario

Anécdota enviada por: Ángel Martínez

Era un Viernes Santo a las 2 de la tarde, mi corazón se estremecía al saber que la Consagrada Imagen del Santo Cristo Yacente del Calvario estaba a punto de iniciar su recorrido un año más.

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Durante algunos años de mi vida tuve la dicha y el privilegio de pertenecer a la Canónica y tres veces centenaria Hermandad Cruzados de Cristo, fieles custodios del Santo Cristo Yacente, Jesús Nazareno de la Justicia y Jesús Resucitado, pero dentro de mi participación siempre ocurrió algo diferente; es que en las distintas actividades dedicadas al Yacente, tuve un lugar especial que he llegado a la conclusión de que él siempre quiso que fuera así, incluso en dos ocasiones tuve la dicha y bendición de participar en el Solemne Acto del Descendimiento, cosa que llenó y cambió mi vida por completo ya que era algo que en su momento para mí era inalcanzable.

Luego de los cambios de directiva que se dieron y algunos problemas personales en ese momento me vi en la necesidad de quedar fuera de la hermandad por lo que a partir del año 2014 mis Viernes Santos no han sido los mismos, con mucha tristeza y pesar.

El año pasado me asomé a ver al Yacente hasta que ya casi tocaba mi turno llegando a la entrada y casualmente en ese turno se tuvo que hacer la maniobra de llevar el anda en brazos por unos momentos, recuerdo que iba exactamente en el brazo 71, justo debajo de Jesús, fue como si me dijera: «Sabes que acá siempre estoy para ti». Me llenó mucho de satisfacción pero de igual manera me ha costado mucho asimilar dicha situación, pero en este 2015, la manifestación de fe se iba a repetir…

Le dije a mi esposa que iríamos a ver los demás cortejos, ya que tanto el turno de ella como el mío en El Calvario eran antes de la entrada por lo que iríamos de último; y así dentro de mí evitaba un poco el dolor de verme fuera sin ir sirviéndole a mi Señor. Llegamos al Cortejo del Calvario a la altura de la 10a. Calle y 5 Av. Zona 1, mi esposa tenía turno en la 12 calle por lo que nos metimos a las filas de Jesús para avanzar.

Llegando a la 11 calle llegamos al anda y un amigo me dijo: “Hay un brazo vacío, ¡metéte!” fue impactante ya que me dieron el brazo 70, justo debajo de Cristo Yacente del Calvario y en mi oración dentro del turno no podía dejar de llorar de la emoción de saber que lo llevaba en hombros y que me habían regalado dicha oportunidad.

Terminó el turno y me fui a esperar a mi esposa, cuando encuentro a un amigo del Escuadrón de Pasos y me dice: «Tené, carga el turno con nosotros»; muy emocionado me colgué mi cartulina y por segunda ocasión cargue a mi Señor siguiendo de ver las bendiciones que me estaban llegando; me sentía lleno de vida y alegría, era algo increíble.

Luego pasó el Cristo Yacente del Calvario por el Parque Concordia y me junté con mi esposa para esperar mi turno, que era uno antes de la entrada, me formé y recibí con gran emoción a mi Señor; le agradecí por esos tres turnos que me había dado la oportunidad junto a él y le dije que aunque fuera desde la calle, esperaría hasta que estuvieran sus andas reposando dentro de su Magno Templo El Calvario.

Con gran nostalgia completé mi turno y al salir me despedí de mi Señor, levantándome de estar hincado pasa un amigo y me dice: «¿Qué? ¿Ya te vas?» a lo que respondí: «No amigo, lo veré desde afuera hasta el último segundo«. Este amigo iba de Jefe de Cambio de turno y llevaba una horquilla consigo, no olvido ese momento.

Se me quedó viendo, sonrió y me dijo: «No cabe duda que el Maestro te quiere acá, tené, faltó uno en el turno», y me dio la horquilla. En ese momento se iniciaba el cruce de la Tipografía Nacional, por lo que segundos después reaccioné, me metí a mi brazo y empecé a llorar no podía creer lo que pasaba, solo dije «Señor ¿por qué te expresas hacia mí de esta forma?, me impactaste, gracias Dios mío, mil gracias» elevé mis oraciones y tuve la oportunidad de dejar a mi ‘Colocho’ hasta el último momento de su cortejo en el Templo.

Dando mil vueltas a todo esto he llegado a la conclusión de que él tiene un lugar para mi allí en su Hermandad, por lo que solo estoy a la espera de afinar unos últimos detalles de mi tiempo para llevar mi carta y poder volver a pertenecer a tan amada Hermandad.

Espero esta anécdota sirva de algo para muchos que a veces esperamos una señal y en el momento menos pensado la recibimos de donde menos creemos que va a llegar.

Y recuerda… Ser cucurucho no es ponerte la túnica el día de la procesión, es demostrar con tus acciones la vida que Cristo te ha enseñado a seguir, no seamos indiferentes al prójimo, sirvamos de corazón sin esperar nada a cambio.

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