“La Virgen María cuido de mi hijo, perdido en Jueves Santo…”

Soy de Quetzaltenango y tengo dos hijos varones. Cuando eran pequeños, les encantaba asistir a la procesión del jueves santo por la tarde en Xela. Esa procesión es infantil y sale de la parroquia San Nicolás, baja al parque y vuelve por la noche.

Antes de que el menor cargara, mi hijo mayor ya asistía al cortejo infantil. Siempre fue bastante alto y por ende iba en el primer turno, hasta atrás. Platicaba bastante con los amigos que hacía en la fila. Mi esposo, mi familia y yo cuidábamos de el durante todo el recorrido. Fue el jueves santo del año 1998, vi a mi hijo, vestido de morado y blanco, en la fila antes de bajar la famosa cuesta San Nicolás que daba al parque, estaba por oscurecer. Nadie podría haberme dicho que el corazón se me partiría en mil pedazos minutos después.

Cuando la procesión se disponía a bajar al parque mi esposo apareció y me dijo: “¡No encuentro al nene, ni tus tíos ni tus papás lo han visto!”. En ese momento me sentí tan angustiada y abrumada, el mundo se me venía encima por un instante. La procesión avanzaba y la gente en las aceras era cada vez más, mi esposo y mis familiares comenzaron a buscar por todas partes, entre las calles del centro histórico, en el parque por si alguien lo hubiese robado y hasta preguntaban a las personas y los celadores del cortejo si no lo habían visto salirse de la fila.

Pronto cayo la noche y Jesús Nazareno ya bajaba al parque entre marchas fúnebres, desesperada yo volteaba a cada niño del último turno preguntando por el o viéndolos al rostro con la esperanza de que fuera mi pequeño. De pronto no pude avanzar más, la fila de niños acabo y las niñas empezaban a aparecer. Aterrada vi como nuestra Santísima Madre bajaba también al parque y con lágrimas en los ojos le dije: “Madre Mía, ¿Cómo puede pasarme esto? Tú también eres madre, ayúdame por favor, sabes la angustia que estoy pasando. ¡Tiene que estar bien! ¡No permitas que nada malo le pase! “.

Paso nuestra Señora y por ultimo venia la banda, San Juan y María Magdalena. En medio de la desesperación, pude escuchar una voz que me dijo: “¡Mamá! ¡Mamá! Ya me quiero salir, yo quería cargar a Jesús”. Al ver a mi hijo, mi corazón volvió a la tranquilidad, lo abrace y le pregunte donde se había metido, a lo que respondió: “Un joven nos sacó a varios de la fila, me pregunto si quería cargar a San Juan, pero ya me cansé…” Y yo le dije con lágrimas en los ojos: “¿Nos vamos ya?” a lo que el respondió: “No mamá, yo quiero seguir hasta el final si vuelvo a cargar a Jesús…”.

Al poco tiempo encontramos a mi esposo y al resto de mi familia quienes se alegraron de que haya encontrado a mi hijo. Ese fue uno de sus últimos jueves santos como cargador de la infantil de San Nicolás. Cada jueves santo, al ver el cortejo infantil recuerdo lo sucedido y doy gracias a la Virgen de Dolores de la Infantil de San Nicolás por cuidar de mi hijo en todo momento.