La Virgen de Dolores en la Merced


Resulta complejo encontrar las raíces históricas de las esculturas que aún hoy reciben veneración en Guatemala. Las condiciones climáticas y geológicas aunadas al desconocimiento, descuido y falta de valoración de los archivos, dificultan rastrear la procedencia de estas obras de arte. Adicionalmente, las intervenciones, cambios de gusto y malas restauraciones también han obstaculizado el análisis de estas.

A principios del siglo XX se hizo costumbre  hacer atribuciones y dar por válidos ciertos pasajes anecdóticos o legendarios de la tradición oral. El caso de la Virgen de Dolores de la Merced que será consagrada el próximo domingo 8, es un verdadero reto para la investigación histórica del arte.

En ella confluyen varias posiciones que, a través del tiempo han dado luces sobre su origen, pero también, las leyendas y la piedad popular han puesto su granito de arena para rodear su origen con un aura a la que es difícil penetrar para encontrar lo que hay de cierto o falso en ellas.

Sin duda que la presencia de la Dolorosa Mercedaria en la Semana Santa del siglo XXI es todo un referente de los logros de los artistas de épocas pasadas y del significado de las procesiones de Martes y Viernes Santo del templo de Nuestra Señora de la Merced para los católicos y los guatemaltecos en general.

ortejo procesional de la Dolorosa Mercedaria. En él se ve el antiguo traje francés. Mediados del siglo XX.

Cortejo procesional de la Dolorosa Mercedaria. En él se ve el antiguo traje francés. Mediados del siglo XX.

Atribución de la escultura de la Virgen de Dolores

Hasta hace pocos años se manejaron dos datos relacionados con su origen.  El primero lo atribuye al taller de Pedro de Mendoza, hacia la mitad del siglo XVII; y el segundo apunta a que habría sido una Virgen que estaba arrodillada a los pies del Cristo de la Agonía en La Merced, siendo conocida como “Nuestra Señora de la Esclavitud”.

Si bien es cierto, en los libros de gastos de la cofradía de Jesús Nazareno en 1654 y 1655 ya aparecen datos sobre costos relacionados con la Virgen, la imagen que veneramos actualmente no parece ser de una fase prebarroca o de un incipiente barroco de la escultura de Santiago de Guatemala.
Es poco probable que la imagen actual sea una obra de Pedro de Mendoza o Pedro de la Rosa, quien, según Heinrich Berlín, falleció en 1662. Más que a imposibilidad de las fechas, se debe al estilo diferente a lo que la época permitía, marcado por el excesivo dramatismo del rostro de la actual Dolorosa mercedaria.

Conviene señalar que aunque no sea la actual imagen la que se ha venerado en el templo y en la cofradía,  existía ya para 1654 una imagen de vestir que formaba parte de los cultos de los cofrades, aún antes de  que se esculpiera el Jesús Nazareno que conocemos.

Cortejo procesional de la Virgen de la Merced en 1980.

Cortejo procesional de la Virgen de la Merced en 1980.

Nuestra Señora de la Esclavitud

Se ha dicho, con base en la tradición oral, que la actual Dolorosa, hasta los años de los terremotos de 1917-1918, se encontraba de rodillas junto al Cristo de la Agonía en el retablo que actualmente ocupa la Sagrada Familia. Según algunos relatos, se afirma que ella era antes de 1918, Nuestra Señora de la Esclavitud. De ser cierto, se estaría ante una representación iconográfica, además de extraña,  única en Guatemala.

No está de más reconocer que la riqueza de la tradición oral ha constituido una gran fortaleza para mantener vigentes muchas de las devociones y cultura de los guatemaltecos. En algunas ocasiones está sustentada en anécdotas y leyendas, bien intencionadas, pero difíciles de comprobar.

Hay que aclarar que Nuestra Señora de la Esclavitud es una imagen de Nuestra Señora de las Mercedes con sus cautivos y santos mercedarios a cada lado de sus extremidades inferiores  y que tuvo una cofradía muy importante en la ciudad de Santiago de Guatemala.  El arquitecto Mario Ubico realizó un minucioso estudio sobre la imagen y la cofradía, publicado por el Consejo de Protección de Antigua Guatemala;  en él demuestra que la institución se organizó en 1640 y que a partir  de 1644 aparece en múltiples testamentos para que sus cofrades sean sepultados en su capilla.  Igualmente, rastrea la imagen hasta dar con ella en su actual ubicación, en la casa parroquial de los padres mercedarios de Antigua Guatemala.

La cuestión del retablo

Otra prueba interesante se refiere al análisis del actual retablo de la Sagrada Familia y que originalmente perteneció a Nuestra Señora de la Esclavitud.

Para Heinrich Berlín los retablos de Jesús Nazareno y de la Esclavitud son los que actualmente rematan las capillas del crucero de la iglesia, es decir el que sigue ocupando Jesús Nazareno y el que ahora ocupa la Sagrada Familia.

Aunque este último retablo pudiera haber sufrido cambios, es evidente que no fueron de tal magnitud como para haber contenido al Cristo de la Agonía que supuestamente tenía a la Virgen arrodillada a su lado.

Más aún, porque  no hay en él evidencias iconográficas de haber sido ocupado por un Cristo y la Virgen de rodillas.  De hecho, las pinturas de los ángeles en las puertas del primer cuerpo llevan en sus manos sendos escapularios mercedarios y, como se anotó arriba, la cofradía de la Esclavitud tenía como titular a la Virgen de la Merced.

El retablo del Cristo de la Agonía pudo haber estado efectivamente en la capilla de la Esclavitud, pero no presidiendo el retablo principal, según consta en un dato procedente de 1701, en el que aparece un contrato para obrar un retablo para el Santo Cristo de la Agonía que estaba situado en la capilla de Nuestra Señora de la Esclavitud.

Una escultura de Santa María Magdalena de rodillas

La única imagen orante que se ha podido localizar en los inventarios mercedarios aparece en el libro 3º de ingresos y egresos de 1767-68 de la Cofradía de Jesús Nazareno, donde  dice que se gastaron 39 pesos y 6 reales que tuvo de costo la Santa María Magdalena que se mandó hacer con su diadema de plata, para el pie de la cruz del Santo Cristo, del altar del Señor, la que se puso el día 6 de agosto de 1768.

En 1801 se mandó traer el retablo hecho por Gálvez a Antigua Guatemala.  Se procedió a instalar y luego se describió la forma en que se dispuso la capilla:

Enfrente de la ventana esta puesto, otro altar mediano con un nicho del segundo cuerpo en donde está el Santo Cristo con corona de plata y resplandor y este sobredorado con su toalla y peana, y a sus pies, Santa María Magdalena.

Es la primera y única sugerencia de la existencia de una imagen que estaba a los pies de un Cristo.  Lo más importante es que es propiedad de la Cofradía de Jesús Nazareno, según se deduce del trabajo de tesis de grado de Gerardo Ramírez Samayoa, dedicado al estudio y análisis de la cofradía mercedaria de Jesús Nazareno. En el inventario de 1853 ya no aparece la citada imagen.

No se consigna en ninguna de las tres fuentes mencionadas que las imágenes en cuestión sean de tamaño natural, por lo que se hace muy difícil aseverar que si la actual Dolorosa pudo haber estado de rodillas se trate de esta imagen de Santa María Magdalena, pero que podría estar vinculada con la tradición oral  ya mencionada y que la piedad popular obvió mencionar, para no “rebajar” la condición de la actual escultura, simplemente por un sentido de devoción, lo cual es dificil comprobar.

Evidencias del culto a la Dolorosa

Muchas son las imágenes u objetos relacionados con la Virgen de Dolores en los libros de cargo y data de la Cofradía de Jesús Nazareno de la Merced. Se entiende por los gastos  1654 y 1655  que hay evidencia clara de la existencia de una imagen de vestir de la Virgen, anterior a las tres que existen hoy en  el templo: la de estofe en el retablo de Jesús, la de vestir en el retablo de San Eloy y la que se procesiona el Martes y Viernes Santo, actualmente.

Durante la primera mitad del siglo XVIII, siguen apareciendo datos muy importantes. Ramírez Samayoa indica que en el inventario de 1702 aparece un vestido negro de la Virgen (Madre o María) con manto de felpa.  Para 1716 en el inventario de los bienes que se entregaron a Juan Antonio Colomo cuando asumió la mayordomía de la cofradía se señala claramente la existencia de un altar de Nuestra Señora de los Dolores de bulto y que la institución había canjeado por un cuadro de la Santa Cena que los padres colocaron en el refectorio.

El último dato del siglo en mención relacionado con la Dolorosa es un gasto de música por 8 pesos pagados al maestro Joseph Tomás por el paso de la Virgen en Martes y Viernes Santo.

En los primeros años del siglo XIX hay algunas anotaciones interesantes relacionadas con la procesión en el último libro de cuenta y data conservado por los padres mercedarios.  En 1800, le pagan a Vicente Saenz 78 pesos por varias funciones religiosas entre las que destacan el paso de la Virgen el Martes Santo y la llevada de la Virgen de la casa de Juan Taboada a la iglesia. De 1806 existe el registro de que Antonio Palomo se encargó del adorno del anda de la Virgen para la procesión de Viernes Santo.

Las pistas artísticas

Partiendo de investigaciones de Víctor Miguel Díaz, hay un dato sumamente interesante en su obra “Las bellas artes en Guatemala” de 1934.  Dice el periodista respecto a la Virgen de Dolores que sale en procesión el Martes y Viernes Santo:

“La acompaña (a la imagen de Jesús Nazareno de la Merced) una Dolorosa bellísima, vestida con espléndido traje.  Ignorase quien fue su autor, pero es posible sea del año de 1715 a 1716. Es la más artística Dolorosa de cuantas hay en los templos de la capital”.

Extraño resulta que el periodista no consigne la historia de la Virgen de la Esclavitud.  Tampoco sugiere siquiera el cambio de advocación y la intervención que tuvo lugar después de 1918 tal como lo recoge la tradición oral.

Sin embargo, parece un gran avance el hecho que la ubica en el siglo XVIII y no en el XVII, como indican otras tradiciones. La mención de la Virgen que hace este autor va acompañada con una fotografía de la imagen actual de la Dolorosa, y la ropa con que la describe es la misma que aparece en varias fotografías antiguas que se poseen de ella y que fuera conocida como “el ajuar francés”, calcinado en el incendio ya mencionado.

Con respecto a la noticia de que la imagen pudo ser modificada de orante (de rodillas) a pedestre (de pie) en los años posteriores a los terremotos de 1917-18, no se encontró en los periódicos de la época alguna nota sobre el mismo.

La Virgen de Dolores en la Catedral de San Cristóbal de las Casas.  Al fondo la obra del pintor Juan Correa.

La única manifestación material que podría confirmar esta modificación es que tanto el bastidor como los gonces de los codos y los hombros de la Virgen de Dolores tienen todas las características del siglo XX, pero en realidad esto podría obedecer a la necesidad y facilidad de sustituir estas partes de la escultura por deterioro al recaer sobre ellas el movimiento y ajustes de las posiciones a la hora de vestir a la imagen y procesionarla.

Quizá en algún archivo hemerográfico o familiar se localice alguna fotografía que permita ayudar a aclarar este punto. “Siempre habrá alguien que encuentre algo nuevo”, dice el padre Zaporta Pallarés: “Lo importante es contar con la paciencia para buscarlo”. Por lo pronto, buena parte del material fotográfico de la Virgen de Dolores data de la década de los años veinte del siglo XX en adelante.

Por último, el historiador Haroldo Rodas Estrada, hizo al autor de este escrito una observación importante: en San Cristóbal de las Casas existe una imagen que él considera gemela de la mercedaria.  De inmediato se contactó a la especialista del arte chiapaneco, la historiadora del arte Gabriela Ugalde, quien gentilmente proporcionó algunas fotografías de la Dolorosa que actualmente se conserva en la Catedral de San Cristóbal de las Casas.

Aunque para la historiadora mexicana es más una prima hermana de la mercedaria y no una gemela, es innegable el parecido entre ambas: la mirada extraviada al cielo, la barbilla terminada en perilla y el pálido encarnado. Las manos no parecen corresponder entre sí, pero si se atiende la necesidad producida por los daños de los continuos terremotos en Guatemala, es posible que estas hayan sido modificadas, cambiadas o refinadas con el paso del tiempo.

Es probable que el modelo de realización de esta escultura se encuentre en algún grabado o libro devocional que circuló en Guatemala hacia el siglo XVIII y que, por lo tanto, se puedan localizar más imágenes con características similares, realizadas con el concepto de ser dolorosas desde su origen.

Doscientos noventa y siete años después de Jesús Nazareno, la imagen de la Madre de Dolores de la Merced  recibió el óleo consagratorio de manos del decimonoveno arzobispo de Santiago de Guatemala, Monseñor Óscar Julio Vian Morales en una consagración para la historia.

Con su mirada al cielo, sus finos dedos que imploran consuelo, la delicadeza de sus labios entreabiertos, la palidez de su rostro y las líneas barrocas de su porte, hoy como ayer recibirá las oraciones de sus fieles que unidos en la devoción al Nazareno que es Patrono Jurado de la Ciudad,  le piden que bendiga y acompañe su vida y la de sus familias.

Fuente: dca.gob.gt/ por Walter Enrique Gutiérrez Molina


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