Jesús de la caída, nos quería en su retorno a San Bartolo

Anécdota de Henry Portillo:

Algo que debes saber antes de esta hermosa historia, es que para los sábados y domingos de cuaresma, las fronteras entre Guatemala y El Salvador se ven abarrotadas por los miles de vecinos que viajan para ser parte de la “Cuaresma y Semana Santa más bella del mundo”. “Desde hace muchos años, muchos devotos cargadores hemos tenido mucha devoción a las imágenes de pasión de nuestra hermana república de Guatemala; para mí la espera había terminado, y llegaba el añorado quinto domingo de cuaresma; el domingo en que todos somos ovejas de Jesús de San Bartolo. Algunos hermanos se fueron desde el sábado temprano, yo en mi caso el domingo en la madrugada. A través de la radio la emoción se volvía mas fuerte cuando escuchábamos las notas de La Granadera, la cual nos aseguraba que Jesús de La Caída hacía su imponente salida a las 06:00 horas.

Eran las 07:20 horas cuando llegamos a la ciudad colonial y con mucho entusiasmo nos pusimos la vestimenta de cucurucho antigüeño. Mi emoción es difícil de explicar, pues era la primera vez que cargaría a Jesús de la Caída; era mi turno el número 49 y cargue frente al templo de San Francisco el Grande”. Desde El Salvador, es un viaje de alrededor de cuatro horas y media para llegar a Antigua Guatemala, se recorren mas de 200 kilómetros.

“Eran cerca de las 18:30 horas y nosotros llegamos al parqueo donde se había estacionado el microbús; ya nos disponíamos a regresar entre sentimientos de tristeza por dejar al Soberano Señor de La Caída. Yo me imaginaba la procesión haciendo su paso por el arco de Santa Catalina cuando de pronto el motorista dijo que no podíamos viajar debido a que ya era muy noche y el riesgo era mayor.

Al día siguiente algunos debíamos estudiar y otros debían trabajar; era lunes y todos teníamos compromisos. Pedíamos auxilio a otros excursionistas pero todos ya se habían ido, no teníamos donde dormir, no sabíamos que hacer. Con la ayuda de hermanos amigos cucuruchos de Guatemala, encontramos hospedaje y yo en mi mente me preguntaba ¿Será que podré ver ingresar al templo al Soberano Señor de La Caída? y ¡así fue! después de la odisea y angustia, llegaba a mí la satisfacción de seguir los pasos de la imagen de mi devoción. Cargué mi turno y tuve la oportunidad de llevar en hombros también a La Santísima Virgen de Dolores en tres turnos mixtos. Las lágrimas salían de mis ojos, las gracias le entregaba a mi Soberano; Jesús de La Caída había ingresado a su templo. Al día siguiente regresamos y ¡Jesús nos protegió siempre!”

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Jesús de La Caída (Fotografía: Luigui Granados)