Jesús de la Caída me mostró a mi hija

Procesión de Jesús de la Caída

Procesión de Jesús de la Caída

Imponente cortejo procesional de Jesús de la Caída. (Foto: jesusenguatemala.com )

(Texto original de Julio Catalán)

En el año 2012 me encontraba incensariando a Jesús de la Caída en el Quinto Domingo de Cuaresma, como ya es tradición mía y de mi hermano. Todos los años preparo desde inicios de año el incienso, incensario, carbón y demás elementos que utilizo para Él y el Señor de San Felipe.

Cuando Jesús iba llegando a San Francisco, escuché una voz que me dijo que su madre (María) iba sola, inmediatamente me fui para atrás de la procesión y al ver a la Virgen solo una persona iba incensariándola así que decidí quedarme con ella hasta que llegáramos al parque y luego me regresaría con Jesús.

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Tal sería mi sorpresa, cuando unas cuadras después apareció a mi lado una niña de unos 4 o 5 años, vestida de negro, con un incensario pequeño diciéndome: “Papi, se me acabo el incienso, échame más porque ya vamos a llegar a la esquina”. No pude reaccionar, volteé a ver a la Santísima Virgen y para todos lados viendo bastante desorientado.

Cuando volví a ver a la niña, ya no estaba. Unas cuadras después me encontré con mi esposa y dos amigos y les conté lo que me había pasado. Un mes después, mi esposa resultó embarazada y desde el momento en el que me enteré que iba a ser papá, no pude quitarme de la cabeza aquella escena. Ver a esa niña.

Yo sabía que era niña y que la Santísima Virgen me había permitido verla. En efecto, nació mi hija Fátima, y la niña se duerme con Marchas Fúnebres, no puede ver fotos o cromo de Jesús de la Caída, de la aldea San Bartolomé Becerra, porque le tira besos, no digamos el ir a cualquier iglesia porque se la quiere pasar solo enfrente de Jesús.

No hallo las horas de que sea ya este Quinto Domingo de Cuaresma, 22 de Marzo, para poder ir a presentársela a mi Jesús de la Caída y darle las gracias por haberme dado ese regalo tan grande, por haberme permitido verla y para pedirle que me ayude a que pueda guiarla en su Fe a Cristo y que no permita que nunca se aleje de él.

¡Alabado sea Jesucristo, hoy y siempre!

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