Himno de las Guardias de Honor de María

Basílica menor de nuestra Señora la Virgen del Rosario, Guatemala

HIMNO DE LAS GUARDIAS DE HONOR DE MARIA

Letra: Juan Fermín Aycinena Música: Alfonso Méndez

Basílica menor de nuestra Señora la Virgen del Rosario, Guatemala

Basílica menor de nuestra Señora la Virgen del Rosario, Guatemala. Foto Flickr.

CORO

De María las sacras banderas Tremolando gloriosas irán, Y que rujan las hórridas fieras Que lanzó sobre el mundo Satán.

 

Guardias, guardias de honor de María Del Rosario la enseña elevad; Ella sola será vuestra guía, A su sombra serenos marchad.

No temáis al eterno tirano Enemigo de dios, Lucifer, Es escudo que ampara al cristiano De Maria el inmenso poder.

Ella fue la mujer victoriosa, Que a la antigua serpiente aplastó Es la reina del mundo gloriosa Que a la prole de Adán levantó.

Bienhadada le dicen las gentes, Porque es virgen y madre de Dios Y a sus plantas se postran fervientes Las naciones que van de ella en pos.

Quien invoca su nombre querido Sin que alcance remedio a su mal El que sufre, el que llora afligido, Halla en ella consuelo eternal.

Nuestra patria le debe favores, Porque siempre sus ruegos oyó Y mil veces los crudos rigores Su benéfico amor la libró.

No es la espada animosa que mata La que hoy deben los guardias blandir El rosario, la cruz de escarlata Son las armas que importa esgrimir.

Que por ellas la infame herejía, que abortó de sus antros Satán cayó herida a los pies de María A la voz del insigne Guzmán

El Rosario Guirnalda de rosas, las más bellas del sacro jardín que con manos tejió primorosas de la gloria inmortal querubín

De virtudes heroicas emblema Fe, esperanza y dulcísimo amor Simboliza el glorioso diadema Que la frente ornará al vencedor

¡Cuán feliz el devoto que lleva, el Rosario y lo reza con fe! En la hora terrible de prueba, Con ternura María le ve.

Si vacila le tiende su mano, Si está ciega le alumbra su luz siempre auxilio y sostén del cristiano le da fuerzas para ir con la cruz.

Himno eterno de júbilo y gloria Noche y día resuene doquier, Celebrando la insigne victoria De la excelsa e invencible mujer.

De María la mística Rosa Que en la margen brotó del Jordán De la madre del verbo dichosa Cuyos triunfos eternos serán.

Ves postrarse, María, a tus pies, No te olvides ¡Oh madre querida, de que prenda de amor tuya es! Eres tu su esperanza y consuelo, la que aparta sus pasos del mal la que premia su afán y su anhelo con miradas de amor celestial.