Extraordinario de Entrada del año 2012 | Jesús de Candelaria ‘Cristo Rey’

Jesús de Candelaria en el templo

Jesús de Candelaria en el templo

“Cristo Rey” en el atrio del Templo de Candelaria.

(Texto original de Juan Carlos Pérez)

Como hace ya 16 años, fui a inscribirme para el Jueves Santo del año 2012 en noviembre del 2011, hice el procedimiento acostumbrado  y pasé viendo al Señor de Candelaria pues era la festividad de Cristo Rey. Los turnos siempre habían sido entregados el sábado anterior al Domingo de Ramos, sin embargo, ese año en la contraseña decía que también serían entregados el Viernes de Dolores en horas de la tarde. Bien, decidí ir por mi turno, así como los de mi esposa e hijo, pero en la calle desde el Santuario de San José hasta Candelaria había mucho tráfico y nulo espacio para parqueo. Después de dar un par de vueltas encontré un parqueo cerca del templo candelario por el salón Los Arcos y emprendimos el camino con mi esposa. Consultando a la gente que ya venía con su turno, sobre si había cola me indicaron que no, apresuramos el paso y llegue a la ventanilla correspondiente. Me atendieron y me indicaron que pasara a otra ventanilla porque mi turno no estaba. Un poco refunfuñando al creer que mi turno no iba a aparecer fui a la otra ventanilla. Mas en tono de broma le dije a mi esposa que quizás me habían mandado ahí, porque me iba a tocar la Entrada. La persona que me atendió me dio mi turno y mi itinerario de marchas fúnebres y me lleve la mejor sorpresa de mi vida al encontrar adentro el Turno Extraordinario de Entrada, besé el turno y solté en llanto y mi esposa se fundió conmigo en un abrazo. No lo podía creer, había esperado desde el año 2000 sin embargo nunca me imaginé que algún día tuviera esa dicha de llevar conmigo orgulloso el último turno para cargar a nuestro Señor ya en horas de la madrugada del Viernes Santo, de la 13 avenida y 1 calle hasta el interior del templo, con la Marcha Fúnebre (de Chopin), La Granadera y Una Lágrima. Pero no fue solo una lagrima la que derramé, fueron muchas, dando gracias a Dios por un Jueves Santo más que esplendoroso y pidiendo la bendición de llegar a otro Jueves Santo más. Al oír el sonido tan lindo de los timbales y el timbre anunciando que el cortejo había llegado a su final, mi corazón no paraba de latir a mil por hora… ¿Y tú hermano Cucurucho, tienes una historia o vivencia que contar? ¡Compártela en nuestra sección Anécdotas!