El saludo de Jesús del Consuelo

Jesús del Consuelo

Por: Walter Beltrán.

Desde hace algún tiempo, cuando empecé a leer estas anécdotas pensé que si era necesario dar a conocer la que a mí me pasó en aquel pero muy lejano año 2003.Gracias a DIOS en ese año me pude inscribir como nuevo para poder cargar al Señor Sepultado del Templo de la Recolección (que ya llevaba 4 años con turno extraordinario movible) y a Jesús del Consuelo, que NO había tenido la oportunidad de hacerlo, únicamente el poderlo ver cada sábado anterior a ramos en su solemne procesión.

Llegó el día, la emoción como a muchos es indescriptible, porque muchos sentimientos, pensamientos, oraciones pasan por tu mente.  Muchos recordaran que ese año por la tarde, entre el Parque Colón y la Iglesia de Santa Rosa, empezó a llover, como decimos muchas veces “a chorros” y que la procesión se detuvo por vario tiempo, en espera de que pudiera cesar un poco la lluvia.  Yo me encontraba en la quinta calle y décima avenida de la zona uno, esperé bastante tiempo para que pudiera pasar la procesión por ese sector; ya que, siempre allí era en donde yo lo dejaba de ver cuando no tenía la oportunidad de poder cargar.

Ya empapado como también decimos, se reinició el cortejo, llevaban a Jesús del Consuelo, quizá   bien empapado, aunque cubriéndolo con un nylon.  Emocionado porque según yo todo iba bien, dejé que pasara la procesión y por otro camino me dirigía a mi turno que era el número 41 sobre  la primera avenida, llegando al Parque Central, entre el tumulto de gente, logré escuchar que las personas decían que la procesión ya no iba a pasar por ese sector si no que iba a retornar a su templo sobre la cuarta calle.  Hoy comprendo que fue una llamada o mensaje de DIOS para enterarme de lo que estaba pasando con la procesión.

Como pude regresé a la cuarta calle y efectivamente, en lugar de cruzar a la sexta avenida, el recorrido continúo sobre dicha calle y que los turnos que hacían falta por cargar, serían de media cuadra.  Intenté en la primera media cuadra y no se pudo.  Seguí a la siguiente y allí ya no hubo chance de que me quitaran de la fila.  Al fin se llegó el momento de poder cargar por primera vez a Jesús del Consuelo, la adrenalina está en tu punto máximo, das gracias a DIOS por los momentos vividos y por los que vendrán, por la salud y que Él siempre te permita volverlo hacer el siguiente año; toca el timbre –sabes que el turno finalizó- colocas la horquilla, pero un mal movimiento y sin querer, la parte de debajo de la horquilla cae sobre mi pie y pensé lo peor.  De manera rápida y sin pensarlo dos veces, logro quitar mi pie y pasar desapercibido delante de todos, ante el dolor que sentía y por supuesto, como ser humano que eres te imaginas lo peor: dedos destrozados o aplastados, llenos de sangre, quebrados, en fin.

Pero aun con el dolor seguí caminando hasta la iglesia para poder ver la entrada de Jesús, finalizó el cortejo, mi hermano me llegó a traer, gracias a DIOS, porque pensé que no iba aguantar si me iba en taxi, pues lo que quería era verme ese pie, pensé que al quitarme el calcetín, éste iba a estar pegado entre la piel y que iba a doler más.  En el carro, despacio empiezo a quitarme el zapato, pensando ver una mala escena, pero gracias a DIOS y a Jesús del Consuelo, nada de lo que yo había pensado me había sucedido, fue en ese momento que comprendí que Jesús hizo que la Horquilla no cayera directamente en mi pie, si no que únicamente en la punta de un dedo y que la uña, que si me quedó marcada y aun lo tengo, fuese el lugar perfecto para que sintiera el verdadero peso del anda de Jesús del Consuelo.

Fue lo único que me pasó, le doy gracias a DIOS porque aunque la uña no sea la mejor de todas, es la que me recuerda y me recordará por siempre ese saludo de bienvenida que Jesús del Consuelo me regaló al no pasarme nada en el pie.

Hoy en día tengo más cuidado al momento de finalizar cada turno.  Muchas gracias por leer este espacio.

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