El cucurucho que se llegó a despedir

Anécdota de: Edwin Rodolfo García.

Esta es una historia real, a más de un año de distancia aún se eriza la piel al recordar ese momento.

Vivo en la zona 11 y asisto a misa al filosofado salesiano desde hace más de 15 años, ahí he conocido a sacerdotes, colaboradores y seminaristas salesianos.

Es precisamente uno de estos seminaristas el protagonista de la historia, no recuerdo su nombre pero llegamos a tener contacto cada semana en misa y luego en los campos de basquetbol del filosofado.

Una tarde de sábado el muchacho me comentó que padecía de insuficiencia renal y que debía ser sometido a trasplante renal por lo que abandonaría el seminario, le desee lo mejor y no supe más de él hasta que unos meses más tarde durante la eucaristía el padre Director del filosofado dio la noticia del fallecimiento del joven pues el trasplante no fue exitoso, nos dejó fríos a todos pues es una comunidad pequeña y existe mucha convivencia ahí.

Pasó el tiempo y el jueves santo de 2019 me encontraba en la acera de la casa de mis padres esperando el paso de Jesús de Candelaria por la 14 avenida zona 1, estaba sentado en un banco platicando con mi hija cuando de repente se nos acerca un cucurucho a saludarnos y darnos un abrazo, entre asombro y temor vimos que era el mismo joven seminarista que según el padre del filosofado, había fallecido, fue muy efusivo al saludar, me dio la mano, saludo a mi hija y se perdió entre las filas.

Mi hija estaba literalmente paralizada, yo no daba crédito a lo sucedido y le dije que seguramente el director del filosofado se había equivocado.

No obstante, la semana siguiente al terminar la misa aborde al padre que dio la noticia y le hice ver su posible error, “no puede ser” me dijo y me llevó a una oficina en el lugar donde reciben clase los seminaristas, me mostró una foto de grupo y me pidió enseñarle a quien me saludó, sin titubear lo reconocí en la foto y me dice el padre: imposible, el es quien falleció.

No quise seguir insistiendo, sentí un escalofrío por toda la espalda y me quedé pensando que aquel joven, muy devoto de Jesús de Candelaria, quiso hacer un último recorrido aquel jueves santo.

Del saludo y el abrazo están de testigos mis padres y algunos amigos que vieron como aquel cucurucho se acercó a despedirse para luego perderse entre las filas de Cristo Rey.

¿Qué anécdotas tienes para contarnos? ¡Compartela para publicarla y compartir estos testimonios que nos edifican como cucuruchos!