El Cristo que sudó sangre: Señor de los Portentos   ¡Actualizado!


“Era Jueves de la Ascensión del Señor, día 26 de Mayo de 1938. En casa de don Felipe González, empezaba el ajetreo de trabajo diario. Su hijo Buenaventura González Dávila y el joven Santiago Carrillo, como a las 06:00 am, se hallaban desayunando juntos, en una mesa que en la casa reconocían como la mesa de los Santos, porque sobre la pared junto a la cual se apoyaba la mesa, habían imágenes, entre ellas, el CRISTO DE LOS PORTENTOS; pequeña imagen de Jesús crucificado, a la que en la casa se le tenía en grande veneración y respeto.

“Era Jueves de la Ascensión del Señor, día 26 de Mayo de 1938, en casa de don Felipe González empezaba el ajetreo de trabajo diario. Su hijo Buenaventura González Dávila y el joven Santiago Carrillo, como a las 06:00 am se hallaban desayunando juntos en una mesa que en la casa la reconocían como la mesa de los Santos porque sobre la pared en la cual se apoyaba la mesa, habían imágenes, entre ellas el CRISTO DE LOS PORTENTOS, pequeña imagen de Jesús Crucificado a la que en la casa se le tenía en grande veneración y respeto. El joven Carrillo de pronto sintió algo extraño que le llamó la atención, vio hacia la pared donde se hallaba la imagen y lleno de admiración, dirigiéndose a su compañero Buenaventura, exclamó: “Mira, está cayendo una gotera a la imagen”. Hay que advertir que no estaba lloviendo, ni había llovido, ni señales de llover. El joven Buenaventura, ante la indicación de Carrillo, miró también a la imagen y hacia el techo de la casa para constatar si había señal de alguna mancha de agua u otro líquido. Entonces los dos fijaron su mirada detenidamente y cuál no sería su admiración y al mismo tiempo miedo: el Cristo sudaba por toda la frente y el sudor le caía de la frente al rostro y a los brazos del Señor. Inmediatamente dispusieron sacarla. Grande fue su admiración al contemplar al Cristo porque mientras más limpiaban la imagen, más le brotaba agua del cuerpo.

A casa de Don Felipe y Doña Petrona solían llegar algunas personas a abastecerse de agua, ya que era de las pocas casas que en esa época tenían agua potable. Algunos vecinos al darse cuenta, empezaron a contar lo que sucedía; luego, como reguero de la pólvora se propagó la noticia por toda la ciudad y durante el día y la noche no cesaba de llegar gente a la casa de los esposos González Dávila, dueños de la bendita y milagrosa imagen. Muchas personas que todavía viven, dan testimonio de haber contemplado el prodigio y haber empapado sus pañuelos en el Sudor que emanaba de la pequeña imagen del Señor de los Portentos.

Como era mucha gente que se acercaba de visitar la imagen, el día Viernes 27 de Mayo por orden de la Policía, fue llevado el Santo Cristo a la intendencia. El encargado de llevarlo fue el Policía Lisandro Consuegra, quien sin miramiento de ninguna clase, con falta de respeto, con burlas y mofas, lo llevaba del mal modo y malas maneras, hasta el extremo que las personas que lo observaron, increpaban al Policía gritándole que lo llevase con más respeto pues se trataba de una imagen del Cristo Crucificado. El Policía no hacía caso y más se reía y burlaba. La imagen se quedó en la intendencia dejándola envuelta en trapos dentro de una gaveta del escritorio. Al día siguiente cuando sacaron la imagen de la gaveta, los trapos con los cuales estaba envuelta la imagen estaban empapados. Inmediatamente mandaron a llamar a la señora Petrona Dávila, esposa de don Felipe González, preguntándole que opinaba de lo sucedido, respondiendo “Solamente es un milagro de Dios”. Le fue entregada la imagen y la regresaron a su casa. Al poco tiempo se pudo observar que el indicando policía Consuegra se quedó con las manos completamente paralíticas lo cual consideraron como verdadero castigo de Dios.

Ante las peticiones de los fieles y el deseo de las gentes, que se devolviese la imagen a la casa de don Felipe, El Lunes 13 de Junio, en la festividades de San Antonio, se repitió el Portento. El Señor Cura Párroco se encontraba en la aldea el Junquillo, celebrando la fiesta del Santo Patrono San Antonio de Padua. La señora Gertrudis Rodríguez que se hallaba en la casa del Señor González, se disponía a hacer rezos delante de la imagen cuando pudo observar que de nuevo empezaba a sudar, sintiéndose sobrecogida de espanto y llamando a la familia, todos pudieron observar que de nuevo se repetía el prodigio del Sudor de la Imagen del Señor de los Portentos. Aconsejada la familia por la Señorita Gertrudis, determinaron llevar la venerada imagen a la Iglesia Parroquial, para que allí más fácilmente se pudiera demostrar su devoción y respeto. Así se hizo y entre una multitud de gente que aclamaba a la venerada imagen, fue llevada en procesión a la Iglesia, colocándola provisionalmente en el altar, en aquel entonces de la Sagrada Familia. Como a las 10:00 am de ese día en que se dejó el Cristo en la Iglesia, llegó don Wenceslao Corado y pudo observar en la llaga del costado de la Imagen, gruesas gotas de sudor y para más seguridad y reverencia, cerró el Camarín de la Sagrada Familia con llave. Allí quedo a laveneración de los fieles.

El Jueves 16 se celebró Corpus Christi y el Sábado 18 se colocó en un escaparate donde se pudiera ver con más comodidad. Los fieles llegaban, unos por devoción y otros por curiosidad. El Jueves 14 de Julio, en la fiesta de San Buenaventura, estando en la Santa Misa, muchas de las personas que asistieron, vieron como de nuevo el Cristo empezó a sudar. Ante la nueva noticia las gentes llegaban a la iglesia a empapar sus pañuelos en el Sudor y Venerar la Milagrosa Imagen. En ese día se hallaba en la Parroquia, acompañado al Párroco de la ciudad el Pbro. Don Mariano Gutiérrez Cabezón, cura párroco de San Cristóbal de Jutiapa, quien pudo dar fe, además de todos los circundantes, de lo que sucedió aquel día, pues todos pudieron observar palpablemente que el sudor fue más copioso y que varias gotas cayeron al pedestal de la Cruz. El Jefe de la Policía enojado o incrédulo ante tantas cosas, quiso sacar la imagen de la iglesia y llevársela a la comandancia, pero resultó que quien tuvo que salir fue él puesto que fue destituido y sacado de jefatura de Cuilapa.

El día 2 de Mayo de 1940 volvió de nuevo a sudar ante la admiración de muchísimos fieles que se hallaban en la iglesia. Lo mismo sucedió el día 4 de Junio del mismo año.
El año 1960 , en el día en que se quemó en Guatemala el neuropsiquiátrico, refiere la Señorita Silma Elizabeth Castillo que aproximadamente como a las 16:30 horas ante la noticia de que de nuevo estaba sudando el Señor de los Portentos, fue presurosa a la Iglesia en compañía de la Señora Marta Montes y pudo constatar que efectivamente el Cristo estaba sudando y que el sudor le caía de la frente por el rostro hasta el cuerpo. Este suceso tuvo una duración como de 3 horas.

SUDOR DE SANGRE
Era el viernes 23 de Octubre de 1964 como a las 15:15 horas, el Sacristán de la Iglesia, joven de unos 15 años y por nombre Gabriel Orantes, se hallaba limpiando los floreros de los altares de la Iglesia. Al llegar al altarcito del Señor de los Portentos que se hallaba a la entrada de la Iglesia, un tanto asustado llamó al CuraPárroco y le dijo: “Padre, venga, vea, el Cristo de los Portentos no está como estaba antes… ¿esta sudado sangre?”. Miró el Párroco detenidamente y en efecto observó que le corría un hilito de sangre que saliendo de la llaga del costado corría por el cuerpo hasta la cintura y de allí se corrió a los pies. Inmediatamente alguien corrió la voz de que el Cristo de los Portentos estaba sudando y esta vez no era agua sino Sangre. Ante la noticia, multitud de gente se aglomeró ante él camarín del Santo Cristo. Entre los que llegaron, se cuenta el Gobernador departamental, coronel Francisco Ortiz y Ortiz, el Señor Alcalde don Alberto Calderón, quienes en unión de los cientos de personas que se habían congregado, vieron correr la sangre por el Cuerpo de Cristo y llegar hasta los pies donde se formó una gota que cayó a la peana de la Cruz; después otra que se le ha quedado cuajada entre los deditos del pie. También vieron todos como le caía un hilito de sangre de la cabeza por la nariz, donde se le quedó y todavía permanece con el mismo color de la sangre sin haberse ennegrecido. Se pudo comprobar, porque antes no lo tenía, que parte del hombro izquierdo y también el brazo y la mano izquierda, a los dos días aparecieron moradas; también el cuello del pie, como si le hubiera amarrado con duros lazos; todo esto lo pudieron constatar y comprobar cientos de personas. Así está hasta la hora presente la milagrosa Imagen.

La prensa y la radio informó ampliamente acerca del prodigio de la Sangre del Señor de
los portentos, prodigio que duró por espacio de cuatro días. Los incrédulos se mofarán y reirán; los indiferentes moverán la cabeza; los fieles reverenciarán la bendita Imagen; nosotros podemos decir lo que decía San Pablo: “Cristo es puesto en señal de contradicción.”

De todo lo arriba indicado se deduce que son seis veces que el Cristo ha sudado agua y una vez, sangre:

  1. El día 26 de Mayo de 1938.
  2. El 13 de Junio de 1938.
  3. El 14 de Julio del 1938.
  4. El 18 de Agosto de 1939.
  5. El 4 de Junio de 1940.
  6. El 14 de Julio de 1960, día en que se quemó el Neuropsiquiátrico.
  7. SUDOR DE SANGRE, EL DÍA 23 DE OCTUBRE DE 1964.

También podemos deducir que los fieles acuden con toda devoción y respeto ante la venerada Imagen en demanda de favores, gracias o milagros y que el Santísimo Cristo de los Portentos los concede en abundancia, como se puede comprobar por las gratitudes que ante su altar se encuentran.

Por Fray Efrén Díaz.


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