El boom del arte sacro en Guatemala


Dentro de una lógica de mercado, el incremento de una demanda condiciona la oportunidad de crecimiento de una oferta. Un mercado, entendido como el punto de confluencia de ofertantes y compradores de un bien o servicio generan una actividad económica que dentro de escenarios considerados como normales logra por un lado, ganancias a los vendedores y por otro, satisfacción a las necesidades de todo tipo de los compradores.

Dentro de este marco general de análisis económico, pretendo comentar el interesante crecimiento que muestra el mercado del arte sacro en Guatemala apoyado por una percepción de pujanza que estos bienes están manifestando. Basta con caminar la cuadra de la 7ma. Calle, entre novena y décima avenidas de nuestro Centro Histórico para observar cómo está surgiendo una versión chapina de algo que podríamos bautizar como “La Calle de los Santos”.

Por otra parte, las redes sociales y el grado de interacción que éstas generan, permiten enterarse de nuevos lugares dedicados al arte sacro y su ramas variadas tales como la escultura, la pintura, el bordado, la orfebrería, los textiles hasta otro tipo de artesanías, como el caso, de la hechura de “postizos” conocidas también como “cabelleras” paras las imágenes sacras, entre muchas otras.

Esta interesante actividad genera varios fenómenos. Cito entre ellos, el incremento de una “cultura de arte sacro” entendida en este caso, como el conocimiento que permite distinguir las variadas calidades que por consiguiente determinan niveles distintos de precios. Por ejemplo, una imagen tallada de madera y policromada con óleo bajo la técnica tradicional, implica un nivel de destreza mayor que una realizada a través de técnica de vaciado con resina y pintada industrialmente bajo un proceso mucho más mecánico. Tan sólo esta diferenciación implica contar con elementos de juicio necesarios para poder concluir por qué una imagen religiosa puede ser más cara que otra.

De igual forma, una cabellera realizada con fibras sintéticas se diferenciará de una de cabello natural, lógicamente por su calidad y por ende, el precio. Todas estas lógicas de “variaciones en la calidad ” implican la existencia de cierto grupo de “personas expertas” que a través del tiempo van influyendo en la construcción de una “cultura de arte sacro” que de forma progresiva evoluciona y va tomando ciertos matices de sofisticación y refinamiento, tal el caso, de la oferta de telas para vestimentas de imágenes religiosas que permite conocer las diferencias de texturas, colores y criterios artísticos que permiten su aplicabilidad dentro una gama variada de panas, terciopelos, telas brocadas y otras.

El aspecto positivo de todo esto es que la oferta se diversifica y se ajusta a las condiciones de pago de cada comprador. Al final, el objetivo es satisfacer la necesidad de contar con una pieza de arte sacro que, sin importar su material y calidad, pueda trascender a ser un objeto de culto perfumado con la devoción personal que se le impregne.

En lo personal este “boom del arte sacro” alegra por varios motivos. El primero, es que a nivel regional nos posiciona como un importante centro de producción y comercialización de arte sacro de alta calidad. Y esto no es para desaprovechar esto, en primer lugar, teniendo al norte de nuestro país a un vecino tan enorme que, gracias al alcance de las redes sociales, paulatinamente se ha percatado que Guatemala es el más importante referente, en toda Latinoamérica, de lo que puede entenderse como una Semana Santa de gran atractivo turístico y producción artística.

En segundo lugar, este boom garantiza la pervivencia por mucho más tiempo del gusto que se tiene por el arte sacro y que a mediano plazo, implicará un mejoramiento de la técnica y por consiguiente de la elevación de la calidad de las piezas. Es innegable que un escultor, en cada obra que realiza pule su técnica e implementa mejoras y avances, condicionadas muchas de ellas, por la exigencia de un mercado que entiende lo que significa tener piezas de arte sacro de gran valor.

Por último, este resurgimiento representa oportunidades excelentes de comercialización para satisfacer la demanda del mercado interno y externo. Para ello, es necesario que surjan personas que adapten las mejores estrategias de venta, tanto tradicionales como digitales, aplicadas al arte sacro y que se atrevan a apostarle a nuevas formas de expander sus negocios.

Todo lo anterior, podría lograrse si en algún momento, los nuevos comercios unen esfuerzos para realizar acciones que les permitan hacerse mucho más visibles y tornar mucho más cercanos sus productos a los compradores potenciales. El arte sacro, como toda actividad económica, puede impactar de forma positiva en generar empleos, sostener familias y aportar al crecimiento económico del país.