Cultos y celebraciones coloniales en Guatemala en honor a la Virgen de Dolores

Para comprender los actuales cultos cariñosos que a lo largo y ancho de Guatemala se verifican en honor a la Santísima Virgen en su advocación de la Virgen de Dolores, más propiamente dicho, Nuestra Señora de los Siete Dolores, es preciso remontarnos a la época colonial en la que el desborde de fe y devoción de nuestros antepasados fueron las bases de lo que hoy, con muchas modificaciones e incluso extinciones, hemos venido celebrando con fervorosa devoción.

Debemos remontarnos a la conquista de Guatemala, específicamente al Siglo XVI en donde, según los cronistas coloniales y los investigadores actuales, encontramos dos primigenias cofradías con sede en los dos conventos mayores de Santo Domingo y San Francisco, la de la Santa Veracruz, fundada, según el cronista Domingo Juarros en 1,533, como una de las primeras en el antiguo Reino de Guatemala, con sede en el convento franciscano y la de Nuestra Señora del Rosario y Soledad, en la sede dominica, durante el mismo siglo XVI, aunque ambas entidades no adscriben literalmente el título de Nuestra Señora de los Dolores, al contemplar sus celebraciones nos vemos ante un culto especial a María en sus Dolores, como corredentora en la Pasión de Cristo.

La siguiente referencia colonial que el autor de estas líneas dispone para reflejar el amor a la Virgen de Dolores, se halla en el antiguo Libro de Ceremonias de la Catedral de Santiago de Guatemala, en manuscrito inédito, en su sección destinada a reseñar la vida y hechos notorios de los Obispos de Guatemala.

Desde el año 1,532 hasta el de 1,736, nos reseña que en efecto que el XXII Obispo de Santiago de Guatemala el Señor Doctor Maestro dos veces jubilado Don Fray Juan Bautista Álvarez de Toledo, natural de Guatemala y antes de Obispo de Guatemala, había sido Obispo de Chiapa, tenía una profunda devoción a Nuestra Señora de Concepción con la advocación y título de “La Pobre”, pero sobretodo profesaba cariño especial a Nuestra Señora de los Dolores, al ser franciscano, en 1,716 instituyó una solemnísima procesión en honor a los Dolores de Nuestra Señora el sexto viernes de Cuaresma, cuya sede fue el convento de San Francisco y a sus hermanas de la orden franciscana femenina del Convento de Santa Clara “les dio muchas alhajas para su Yglesia (sic) y entre ellas una Imagen de Dolores que le estuvo en muchos pesos…” Imagen que hoy se desconoce su paradero.

Lamentablemente la procesión del sexto viernes de Cuaresma se vio mermada, debido a la suspensión de procesiones en el año de 1,718, por los recientes terremotos y temblores (réplicas sísmicas) que experimentó la Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala el año próximo anterior.

Por ende en pleno siglo del apogeo de la imaginería guatemalteca y de las devociones multiplicadas este Obispo contribuyó grandemente a la expansión del culto a imágenes locales, sin olvidar que fue quien realizó la Consagración de Jesús Nazareno de la Merced.

Como vemos en la antigua capital del Reino de Guatemala los obispos y arzobispos y las distintas órdenes religiosas y el clero secular fomentaron, cada uno a su medida, la devoción a la Virgen de Dolores, existiendo tres ermitas de esta advocación, la titularidad del Convento de monjas Clarisas y un sinnúmero de altares y capillas regadas en las distintas iglesias, capillas, beaterios y sedes conventuales.