Cuarta aparición de la Virgen de Fátima | como nadie te lo había contado antes


Cuarta aparición de la Virgen de Fátima: 15 de agosto de 1917.

Habiendo sido secuestrados y mantenidos tres días bajo vigilancia por el Administrador de Ourém, que a toda costa —y en vano— deseaba arrancarles el secreto confiado por la Virgen, los tres videntes no pudieron comparecer a la Cova de Iría el día 13 de agosto, cuando se daría la cuarta aparición de la Santísima Virgen.

Según el testimonio de algunas de las numerosas personas que acudieron al lugar, poco después del mediodía se oyó un trueno, más o menos como las otras veces, al cual siguió el relámpago y, enseguida,
todos comenzaron a notar una pequeña nube, muy leve, blanca y muy bonita, que sobrevoló unos minutos sobre la encina, subiendo después hacia el cielo y desapareciendo en el aire.

Los rostros de los presentes brillaban con todos los colores del arco iris; los árboles no parecían tener ramas y hojas, sino sólo flores; el suelo y las ropas de las personas también estaban del color del arco iris. La Virgen parecía
haber venido, pero no encontró a los pastorcitos.

Leamos ahora el relato de la Hermana Lucía sobre la cuarta aparición de la Madre de Dios:

“Andando con las ovejas, en compañía de Francisco y de su hermano Juan, en un lugar llamado Valinhos, y sintiendo que algo de sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que la Santísima Virgen nos fuese a aparecer, y teniendo pena de que Jacinta quedase sin verla, pedimos a su hermano Juan que la fuese a llamar.

Mientras tanto, vi con Francisco el reflejo de la luz, a la que llamábamos relámpago y, llegada Jacinta un instante después, vimos a Nuestra Señora sobre una encina.

— ¿Qué quiere Vuestra Merced de mí?
— Quiero que continuéis yendo a Cova de Iría el día 13 y que continuéis rezando el Rosario todos
los días. En el último mes haré el milagro para que todos crean.

— ¿Qué quiere Vuestra Merced que se haga con el dinero que la gente deja en Cova de Iría?
— Haced dos andas; una llévala tú con Jacinta y dos niñas más vestidas de blanco; la otra, que la lleve Francisco con tres niños más.

El dinero de las andas es para la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Lo que sobre es para ayudar a una capilla que debéis mandar construir.

— Quería pedirle la curación de algunos enfermos.
— Sí, curaré a algunos en el transcurso de este año. Y tomando un aspecto más triste, les recomendó de nuevo la práctica de la mortificación, diciendo, al final:
— Rezad, rezad mucho y haced sacrificios por los pecadores, que muchas almas se van al Infierno
por no haber quien se sacrifique y pida por ellas”.

Tras pronunciar estas palabras, la Virgen María se retiró, como en las veces anteriores, en dirección hacia levante. Durante largos minutos los pastorcitos permanecieron en estado de éxtasis. Se sentían invadidos por una alegría inigualable, después de tantos sufrimientos y temores. Por fin, cuando fueron capaces de moverse y caminar, cortaron algunas ramas del arbusto sobre el cual había rozado la túnica de la Virgen y los llevaron a casa. ¡Allí pudieron sentir que los mismos exhalaban un delicioso y magnífico perfume! Eran las “ramitas donde la Virgen Santísima puso los pies”…

Extraído de: Fátima, Por fin mi Inmaculado Corazón Triunfará, Mons. João S. Clá Dias; Heraldos del Evangelio.

Author: Cucurucho en Guatemala

Este espacio es de libre opinión, por tanto, no significa que el proyecto Cucurucho en Guatemala comparta los ideales, testimonios o comentarios que en esta sección se encuentran. Los autores de las anécdotas son de propiedad de quien las envía y nosotros únicamente las publicamos.


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