Consideraciones sobre la cuaresma del cucurucho guatemalteco


Por: Luis Guillermo Valladares.

Desde tiempos antiguos, los guatemaltecos nos hemos caracterizado por llevar a cabo una conmemoración muy singular, mística e histórica sobre el Nacimiento, Vida, Pasión, Muerte y Gloriosa Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, realizando durante los diferentes tiempos litúrgicos, celebraciones con un toque muy particular.

Contextualizándonos en el tiempo litúrgico que se avecina, la Cuaresma, vamos a comentar un poco sobre como los penitentes guatemaltecos denominados Cucuruchos, que se preparaban y participaban en las distintas actividades de la época, desde una perspectiva personal y tradicional, derivada de más de 6 generaciones de devotos.

Las cosas a lo largo del tiempo, como es natural cambian, pero creo que la fe y las buenas costumbres no deberían. Habiendo transcurrido casi 50 años de mi vida, al dar un vistazo a través del tiempo, voy analizando, reflexionando y buscando respuestas a grandes interrogantes sobre esta devoción y fe, las cuales fueron muy bien cimentadas, pero hiere el alma, ver la transformación tan severa que se ha venido dando.

Cuando está tradición de fe y devoción empieza a ser inculcada allá por los años 70’s, recuerdo que la llegada de la época cuaresmal estaba revestida de una inigualable mística. Acompañar a mi Papá a colaborar y a trabajar en la Hermandad era una experiencia indescriptible, porque no se trataba de ir a un lugar a hacer algo, pues los conceptos sobre el significado de lo que se iba a ir a preparar, era lo importante. Se tenía muy claro lo que se podía hacer y lo que no se podía hacer.

Por lo general, antes que nada, era la visita al Santísimo y luego a la Capilla del Señor para ofrecer el trabajo y pedir que el esfuerzo sobre lo que se iba a hacer, rindiera frutos sobre quienes iban a recibir el mensaje a través de su Consagrada Imagen.

Aun percibo lo olores de la Iglesia y del cañón, recuerdo los rostros de los directivos, señores que infundían profundo respeto y admiración, por lo que representaban. Los saludos y bromas cariñosas entre todos, pero siempre con respeto. Uno veía a aquellos personajes cerca del Señor y de inmediato en la mente uno se preguntaba, ¿cuándo podré tocarlo así o estar tan cerca de él?, pues al Señor se le trataba con sumo respeto, devoción, cariño, delicadeza y celo.

El trato entre los sacerdotes y los directivos, era también de sumo respeto y recato. Ambas partes se daban el lugar que les correspondía.
Cuando las inscripciones se realizaban tradicionalmente a partir del primer domingo de cuaresma, se veía a los devotos presentarse realmente llenos de fe y amor para adquirir sus turnos, ni se diga durante las actividades y el propio Viernes Santo.

Tiempos aquellos en los que no había Internet, lógicamente tampoco redes sociales. La comunicación era por medio de correspondencia enviada a cada domicilio e incluso llamadas telefónicas. En nuestra casa cada carta o documento que llevaba el escudo de la Hermandad era abierta y leída siempre con gran agrado e inquietud.

La Semana Santa se vivía muy diferente, eran días de recogimiento, preparándonos para el Viernes Santo con el objeto de vivir transición de la muerte a la Resurrección, que nos otorga una nueva oportunidad de reflexión y convicción para seguir caminando en nuestra vida, durante el resto del año litúrgico. La procesión del Viernes Santo era verdaderamente penitencial, fervorosa y mística, el centro de todo era el Señor, el daba el mensaje, no había exaltación hacia un mueble. El empujar o halar los pasos, en la juventud era muy especial, sería bello que los aspirantes los volvieran a llevar, antes de llevar en hombros al Señor, así se iría creando ese sentido de pertenencia que se ha perdido.

El tiempo pasó, seguí creciendo, formándome y aprendiendo, paralelamente mi devoción seguía haciéndose cada vez más fuerte y sólida, pero siempre con un sentir y pensar muy sano, pues llegar a colaborar a la Hermandad siempre era con gran ilusión y entusiasmo, cosa que más tarde cambió al llegar a la dirigencia, porque según yo, todas las personas que iban por el mismo camino que se me había enseñado.

A finales de los 80’s, mi Papá delega responsabilidades más grandes sobre mi persona, ya no soy el niño que acompaña, sino el hombre joven que empieza a tomar decisiones y a actuar por sí mismo. De esa cuenta fui llamado a ser miembro de la Junta Directiva en 1989. La alegría que me embargó fue enorme, pero también me acompañaba el temor, pues en aquel entonces era el miembro más joven de ese grupo de señores mayores. La experiencia era muy poca lo cual lógicamente intimida, pero a la vez, estaba fortalecido y confiado en los 547 hermanos que me habían elegido en la asamblea general, no podía defraudar esa confianza.

A partir de la década de los 90’s fue mi duro despertar, pues empecé a vivir en carne propia como se desvirtuaban las cosas, pues en muy pocos se veía los mismos valores que mi persona. Dado el compromiso y responsabilidad tan grande que tenía, comencé la resistencia a los abusos y manipulación a la que pretendían someterme, defendiendo y apoyando lo que era correcto y oponiéndome a lo malo. Jamás me presté a ninguna «movida» a pesar de que se me condicionaba o prácticamente se me trataba de coaccionar.

Claro está, que aquella época no es comparable con la actual, pues el deterioro que ha habido es tremendo. Muchos compañeros contemporáneos tristemente cambiaron y se inclinaron por venderse al mejor postor, yéndose por el camino donde tuvieron oportunidades de sobresalir y figurar. Otros, al igual que mi persona, gracias a Dios se han mantenido sobre la misma línea y hoy continuamos esa lucha de recuperación.

Las épocas de Cuaresma y Semana Santa tienen para los cucuruchos un significado muy especial, unos se dejan llevar por el acto de cargar, otros por las fotos, otros por las «horas de gloria» que tendrán, según ellos, portando una condecoración, medallas, uniformes, “dando órdenes” dentro de los cortejos, etc. Es muy humano, pero eso denota que no se ha logrado enseñar el significado genuino que realmente tienen estas conmemoraciones.

Recuerdo que durante el año 2009 y 2010, estando al frente de nuestra querida Hermandad, privó entre todos el recuperar la esencia de lo que nuestra Hermandad había sido y dentro de la planificación de trabajo, se vio la necesidad de reestructurarlos retiros espirituales y el seguimiento post cuaresmal, para brindar un enfoque simple, de fácil asimilación, basado en la razón de existir de la Hermandad como una Asociación Privada de Fieles y el compromiso con la Iglesia, a través del culto y veneración a nuestra Consagrada Imagen del Señor Sepultado, dado que en otros tiempos, la intención de estas actividades era un disfraz para fines electorales, adoctrinando y coaccionando a conveniencia a los Hermanos. Lastimosamente, esto solo se pudo hacer en el 2010 y dado los sucesos posteriores, quedó en el olvido, por lo que, poco tiempo después, volvieron las mismas prácticas nefastas del pasado.

Siendo un devoto cucurucho, que jamás pensó en tener que dejar de participar en nuestras actividades cuaresmales y de semana mayor, les puedo decir que ha sido muy duro y triste. En ninguna parte del mundo se vive esta época, aunque sea en forma escasamente similar a la nuestra. Realmente tenemos un tesoro y muchos lo han devaluado y no se dan cuenta que están acabando con él.

A mis contemporáneos cucuruchos, les hago un llamado para que no dejemos que esto siga sucediendo, pronunciémonos y defendamos nuestra fe, devoción y tradiciones, somos la generación que aún conserva el legado de la generación anterior y nos corresponde salvaguardar y trasladarlo, con responsabilidad a las siguientes. Tratemos de descontaminar el ambiente y las instituciones, para encauzar de nuevo las aguas a su lugar.

A las nuevas generaciones que han asimilado con gran entusiasmo, devoción y convicción, la enseñanza de los mayores y que hoy son parte valiosa en este proceso tan duro, les digo que así es como se forja la tradición, a base de vivir cada acontecimiento. Duele mucho que tengan que vivir tan tempranamente los desencantos y frustraciones derivadas de todo esto, pero de esa manera sabrán valorar aún más el legado tan grande que tenemos.

Que esta Cuaresma y Semana Santa, nos ayuden a mejorar como cristianos, los errores se pueden enmendar y Dios estará gustoso de acogernos y darnos una nueva oportunidad. No lo defraudemos ni deshonremos la memoria de quienes nos inculcaron esta devoción por medio de la fe y para los que aún están entre nosotros, pidámosles consejo para volver o seguir en el camino correcto.

Un cariñoso y especial saludo.

Guillermo Valladares M.

Author: Cucurucho en Guatemala

Este espacio es de libre opinión, por tanto, no significa que el proyecto Cucurucho en Guatemala comparta los ideales, testimonios o comentarios que en esta sección se encuentran. Los autores de las anécdotas son de propiedad de quien las envía y nosotros únicamente las publicamos.


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