El brazo vacío | Prosas Cuaresmales

Extraído de: Marco Monzón y sus 41 prosas cuaresmales

Me quedé un momento esperando que el Nazareno me alcanzara para poder ir a la par de Él.  Esperé a que el “brazo” que iba vacío quedara justo frente a mi.

Era necesario dejarlo así, como un último ofrecimiento póstumo por aquel devoto cargador que este año ya no pudo estar en el anda, compartiendo aquel peso que con esfuerzo pero con placer espiritual, se lleva durante unos cuantos minutos.

El ha muerto, ha sido llamado a la presencia del Señor, ha dejado este mundo para estar más cerca de Jesús.  Sin duda, como todos nosotros, cayó en la tentación del pecado, pero también la fe que Dios nos ha sembrado en el alma, le hizo arrepentirse de ellos, y la infinita misericordia divina le ha permitido llegar a la mansión Celestial, y desde ahí, observa su brazo vacío.

Puede ser aquel amigo, aquel padre, hermano, hijo, el ser querido que ha muerto, pero que había reservado su turno para la procesión tradicional.  Quizá por aquellos azares del destino fue llamado antes de que pudiera cumplir con la promesa hecha a Jesús.  Pero eso no impide que quede el brazo vacío, que alguien coloque en él, un moño luctuoso y la última cartulina de esta persona que hoy está ausente en el anda.

De seguro en el cielo, otra procesión espiritual más solemne, la de ir de la mano con los ángeles para adorar a Dios, se esté realizando, y ahí va él mientras mira cómo su brazo sigue vacío hasta la esquina, en donde abandonará metafísicamente la compañía de aquellos cucuruchos que terrenalmente compartieron este último turno.

Es la póstuma ofrenda hacia un Cristo Imagen, al cual veneró en la tierra; ahora tendrá la oportunidad de adorar al verdadero Cristo en el cielo mientras pide a Dios resignación para sus seres queridos.

Señor, guarda su alma y cúbrela con la protección divina de tu compañía y la de tus ángeles.

Foto destacada: Giovani Minera, jesusenguatemala.com